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3.3.- ESPELEOLOGIA
Con motivo de la conmemoración del 50 aniversario de la Federación, Luis Villegas me
ha puesto en el compromiso de recordar y escribir sobre los inicio de la espeleología en
Tenerife allá por el año 1969 ¡del siglo pasado!.
Pues bien, en enero de dicho año, acompañado del Alberto Alom, o más bien guiado por él,
y dos amigos más, temprano y con bastante frío, iniciamos una ascensión a Pico viejo por
los Roques de García.
Al finalizar la zona de lavas cordadas y el comienzo de la lava magra, vimos la boca de una cueva
con aspecto de ser utilizado por cazadores, y con una boca menor en dirección a los Roques.
Pregunté a mis acompañantes si habían entrado alguna vez en ella, ya que parecía
interesante. Me dijeron que no y dada mi afición a las espeleología, y mi curiosidad
por conocer una cueva volcánica les propuse volver más adelante para explorarla. La
propuesta fue aceptada y un par de semanas después, no estoy muy seguro, se organizó
una excursión, que resultó bastante numerosa por lo que suponía de novedad deportiva, y
en la que participaron montañeros de la Santa Cruz y La Orotava. Más adelante también se
levantó la topografía de la cueva, hecha con método rudimentario (brújula y cinta métrica)
pero con gran exactitud.
Estas actividades llegaron a conocimiento de Pedro Pérez, de la peña de La Guancha,
quien, picado por la curiosidad de la espeleología y conocedor de la existencia de la Cueva
del Viento, decidió explorarla hasta llegar a un tubo horizontal, de poco diámetro y oscuro
final por el que, prudentemente decidió no continuar. Entonces y a través del Grupo
de Montañero, envió un mensaje para que, si quería “el espeleólogo peninsular”, podía
acompañarle y ver si se podía pasar y había continuación.
Acepté la invitación y quedamos en vernos un sábado por la tarde en La Guancha. Allí me
presenté con un amigo del Grupo, ya que ni conocía La Guancha ni a Pedro Pérez. Conocí La
Guancha pero no a Pedro ya que no apareció.Volvimos a quedar para el domingo siguiente,
algo mosqueado por mi parte, pero esta vez si apareció.
Nos fuimos a Icod, entramos en la cueva y llegamos a una gatera bastante estrecha y
de la que no se veía final. Como a la luz del carburero vi que se podía entrar y que no se
estrechaba, decidí avanzar por ella. Después de unos cuantos metros y algunos desollones
en los codos, con gran sorpresa y asombro, me encontré con una gran sala y una galería de
grandes dimensiones que se perdía en la oscuridad.
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