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Con el transcurso de los años Antonio R.Villar convierte Las Cañadas en su terreno favorito y
continúa abriendo vías de escalada con diferentes compañeros de cordada. Uno de ellos fue
Juan Ignacio Frías, compañero durante el final de los setenta y el empezar de los 80, juntos
realizaron algunas de las rutas de referencia en distintos roques y paredes de las Cañadas.
La escalada en esta época de finales de los 70 y principios de los 80 estaba en plena
revolución, los modernos conceptos de la escalada libre llegaban a las islas y los escaladores
rápidamente los adoptaron como la única forma de escalar. Se incrementó el número de
escaladores y estos se reunían bajo los grupos de montaña, a los grupos más veteranos, el
Grupo Montañero de Tenerife, el Tanausú y la OJE, se le iban sumando otros como el Grupo
Montañero el Pilar o el Centro Montañero de Tenerife, por citar donde más escaladores
se congregaban. Allí se juntaban escaladores históricos que vivieron la transición de la
bota dura al pie de gato, como Leopoldo Melo Alayón, Pablo Mata, Carlos Trujillo, Eduardo
Bazzochi, José Moreno… y entre todos ellos, Pablo Castilla, escalador pionero en la alta
dificultad, uno de los más grandes escaladores de las Islas Canarias.
La escalada contaba por entonces con un gran protagonismo en el ámbito de la
Federación Tinerfeña de Montaña, se impartían cursos de escalada con cierta regularidad
y los escaladores se concentraban habitualmente en Las Cañadas del Teide. Una nueva
generación de escaladores se fundió con la anterior, Javi Bolaños, Cesar Acosta, Javier
Martín-Carbajal procedentes de diferentes grupos de Santa Cruz. De La Orotava, del
Grupo Montañero Cinchado, Jesús Raya y Ralph Kammerlander. En 1983 se fundó el Grupo
Montañero de Granadilla siendo, con el paso de los años, Francisco Reyes su escalador más
destacado. En el año 1984 se inició en la escalada, precisamente en un campamento anual
organizado por la federación, otro de los escaladores clave en el desarrollo de la escalada
en toda su amplitud, Delfino Méndez Alonso.
Hacía poco que había aparecido una nueva forma de escalar, equipando las vías previamente
desde arriba, la antesala de lo que poco después se conocería como escalada deportiva.
Esta nueva modalidad de escalada se instaló rápidamente en la isla e hizo que la gran
mayoría de escaladores se centrasen en esa búsqueda de la dificultad que proporcionaba
la seguridad de los anclajes con la accesibilidad y comodidad de las zonas de escalada.
Estos años, entre 1985 y 1995, podríamos decir que fue la “década dorada” de la escalada
deportiva tinerfeña con los equipamientos de las zonas más emblemáticas como La Cañada
del Capricho, Arico y Guaria, entre otras y por este orden.
A partir de este momento la escalada deportiva crece rápidamente, incluso en algunos
grupos de montaña como el Añaza y el Tenerife se montaron rocódromos de entrenamiento,
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