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Juan Diego Amador es un hombre apasionado de la montaña, de profesión maestro, técnico de montaña y un enamorado del alpinismo. Cuenta cómo un deportista como él, acostumbrado a viajar y explorar sitios nuevos, afronta esta situación tan complicada de aislamiento. Pero aprovecha estos momentos para pensar sobre su futuro más cercano, su afán por buscar nuevos desafíos a los que enfrentarse y sobre todo, mira al pasado y presente para relatar cómo encontró en ayudar a los demás a cumplir sus propios sueños, una sensación de plenitud y felicidad.

Acostumbrado a pasar gran parte de su tiempo al aire libre, el confinamiento en su casa al principio “fue casi más una novelería. Los primeros días pensaba en qué invertir el tiempo, qué cosas podía hacer durante estas semanas, pero a medida que van pasando sobre todo tras la última decisión del gobierno, estoy un poquito más triste”. Sin embargo, asegura que en parte está “acostumbrado por mis propias actividades deportivas. A veces, en la montaña viene el mal tiempo y hay que estar dos semanas confinados en una tienda de dos metros cuadrados”.

La actual situación ha obligado a cambiar sus planes y objetivos, “sin ir más lejos, justo cuando se decretó el Estado de Alarma estaba en Benasque, Huesca, en una formación con mis alumnos en la cordillera de los Pirineos. Ahí nos enteramos de la situación y obviamente tuvimos que volver a casa”. Sin embargo, para regresar a Tenerife, no lo tuvieron nada fácil y “fue una situación bastante desagradable y lamentable por parte de la compañía aérea. A través de su página web podías ver si tu vuelo estaba operativo o no, nos dijeron que sí, que no había ningún tipo de problema y que podíamos regresar a Tenerife esa misma tarde, pero cuando llegamos al aeropuerto nos encontramos con que no. Gracias al movimiento que pudimos hacer por las redes sociales y al apoyo del Gobierno de Canarias y la Consejería de Educación, logramos salir el lunes siguiente, a las 24 horas, pero fueron momentos de muchísima tensión. Por suerte pudimos regresar a casa pero después tuvimos que vivir una situación de cuarentena, tanto los alumnos como yo, sin poder a los familiares porque habíamos estado en situación de exposición”.

Juan Diego Amador (CEDIDA)

Bajo estas circunstancias, Amador asegura que extraña “hacer deporte al aire libre porque soy una persona que de siete días a la semana, 4 o 5 días hago bicicleta, escalada, windsurf… y también echo de menos ese espacio compartido con mis amigos. Ahora mismo ninguna de las dos cosas las tengo y lo suplo con conversaciones telefónicas y con soñar con nuevos proyectos”. En ese sentido, “es momento de planificar, ver cuál es el horizonte y decidir qué hacer. Depende de cuándo podamos salir de este confinamiento, que espero que ya en verano tengamos la posibilidad de hacer algún movimiento”, pero si se permite el desplazamiento entre las islas, asegura que se quedará por aquí y si no, “ya estoy hablando con mis amigos para pasar el verano entre los alpes austriacos y los alpes franceses haciendo montaña”.

Asimismo, las consecuencias económicas para el sector serán evidentes, es más, ya se están viendo porque “ya hay muchas cancelaciones relacionados con esta situación de inseguridad. En el ámbito profesional me dedico a la docencia, pero en mi tiempo libre me dedico a guiar como técnico de montaña, y ahora mismo tenía programada algunas actividades para el verano que están paralizadas, no están canceladas porque todos estamos pendientes de lo que va a ocurrir pero ahora mismo hay una situación de incertidumbre”.

En cuanto a sus objetivos más a largo plazo, puntualiza que hay que diferenciar entre sus dos vertientes, una más deportiva donde destaca entre sus logros conseguidos, ascender a la cumbre más alta de cada uno de los continentes, dar varias vueltas alrededor del planeta o subir a la cumbre del Everest. “Pero una de las cosas con las que disfruto muchísimo, en parte porque creo que esa hambre de retos deportivos ya está saciada, es facilitar que otros cumplan sus propios sueños”. En este sentido, recuerda que “hace dos años estuvimos en Perú con personas que nunca habían subido a una altitud por encima del Teide, y poder conseguir que disfruten de esos paisajes, de esas sensaciones, de llevar sus propias fuerzas al límite, mediante toda la ayuda que le puedo dar como guía de montaña, para mí es muy satisfactorio. Quizás mi experiencia próxima vaya en esa línea. Seguir sumando experiencias, viajes y situaciones donde los demás puedan disfrutar mucho”.

Aun así, reconoce que tiene otros retos deportivos por hacer, “de hecho, sigue habiendo proyectos que me llaman la atención como por ejemplo subir el Nanga Parbat. Una montaña de 8.125 metros situada en el Himalaya Pakistaní, donde tuvimos un accidente con una compañera que se fracturó la cadera cuando estábamos durmiendo porque se le cayó un bloque de hielo”. Asegura que tuvieron que evacuar y cuando ya su compañera se había marchado en helicóptero, “yo me quedé intentándolo pero psicológicamente aquella situación me afectó bastante y me vi con muy poca entereza para poder acometer un objetivo así”. Es un 8.000 con el que asegura “sigo soñando porque es una montaña realmente atractiva, donde hay un alpinismo comprometido. Ya hace unos añitos que estuvimos por allí pero es uno de los posibles proyectos futuros”, concluyó.