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Vivimos tiempos de incertidumbre en los que una pandemia mundial está poniendo patas arriba el modus vitae de la civilización actual. Sin embargo, también son tiempos de sobreinformación e infoxicación. Hasta el punto de que una enfermedad como el Covid-19 puede parecer algo insignificante como una gripe, un ataque mundial de unos supervillanos ocultos en las altas esferas o una enfermedad surgida de una empanada de murciélago en China. Esto puede llevar a una minusvaloración. Hasta que, de repente, afecta a tu entorno. La información deja de estar mediatizada. Es información directa. Y lo que parecía lejano e inofensivo pasa a ser algo serio y que no se debe subestimar. Esta es la historia de Maya, una escaladora que fue asintomática y le dieron el alta. Pero las secuelas del Covid-19 no habían terminado.

En estos tiempos hay demasiada información contradictoria entre sí. Y, según tu historial previo, los algoritmos de las redes sociales decidirán cuál es adecuada para ti.

Hasta ahora me había mantenido bastante al margen de este asunto que está afectando a todo el planeta. Y es que, la pandemia mundial del Covid-19 parecía algo lejano y extrínseco a mi. Hasta que un día te llega, de primera mano, una historia como ésta.

HISTORIA REAL DE UNA ESCALADORA CON EL COVID-19

Esta es la historia de Maya, una amiga escaladora. A mi me ha hecho replantearme mi posición con respecto a todo este asunto. Y, lejos de querer crear pánico, la compartimos para evitar que se repitan situaciones como la que Maya vivió a 180 metros de altura, en el último largo de «La chica del Martini, 7b+», en Vilanova de Meiá.

Te dejo con Maya:

MI EXPERIENCIA SOBRE EL COVID Y LA ESCALADA

«Desafortunadamente, di positivo en covid. Me encontraba bien en todo momento, por lo que los médicos me dijeron que soy asintomática. Mi reacción fue: ¡¡Qué bien!! Qué suerte tengo de encontrarme bien y no tener síntomas. Sólo un poco de cansancio y quizás la respiración algo más pausada, pero en general me siento bien.

Durante el tiempo que debo estar en casa para evitar contagios y favorecer mí recuperación, un par de días hago algo de entreno. Aunque me canso antes, me siento bien. Pero lo atribuyo a que mi ritmo deportivo ha bajado, teniendo en cuenta que mi media de días de escalada es de 3 o 4 días por semana unido a que trabajo en un gimnasio como técnica deportiva, y mi actividad es elevada.»

TRAS LA CUARENTENA

«Pasada una semana y poco (al no saber que había estado en contacto con un positivo mi confinamiento fue de menos días) me hacen una prueba de sangre a través de un pinchazo en el dedo. ¡El resultado fue negativo! ¡Qué alegría!

He pasado el Covid sin síntomas y ya estoy bien. Para asegurarse, la doctora me pide un análisis de sangre. Por lo tanto, me quedo un par de días más en casa; y, efectivamente, me confirman que ya no estoy infectada y que mi cuerpo tiene los anticuerpos.

¿Qué es lo primero que puede pensar que va hacer un/a escalador/a fanático/a?

¡Me voy a escalar!»

VUELTA A ESCALAR

«Viendo que me encontrado bien en todo momento, y ya que estoy acostumbrada físicamente y mentalmente a llevar un ritmo alto, no me planteo en ningún momento que no pueda seguir mi vida como siempre. Cuando he enfermado, nunca me ha impedido llevar el mismo ritmo. Puesto ahora que ni siquiera me encontrado mal, doy por hecho que tampoco.

Junto con un amigo miramos de hacer una vía larga. Aunque ya había hecho deportiva el día antes, y es cierto que la “pila“ de haber estado parada unos días no es la misma, me siento bien. Fue un día tranquilito, de muy pocos pegues.

Así que, animada y con ganas, vamos camino a ESCALAR!!!!!!»

LA JORNADA DE ESCALADA MULTIPITCH

«Empezamos a escalar y todo iba genial.  Unas risas por aquí, unas fotos por allá… Vamos bien y a por faena. En la reunión comes algo, bebes un poco de agua, te abrigas mientras aseguras…. Vaya, lo normal.

Estamos en el último largo. Mi compañero tira para arriba y llega a la reunión. Me toca a mí. ¡Venga va, ultimo largo y terminamos!

Me sentía feliz del viote que estábamos haciendo y de lo bien que me lo estaba pasando y disfrutando.»

MOMENTOS DE ANGUSTIA A 180 METROS DE ALTURA

«Deshago la reunión y, de golpe, el dedo gordo se engarrota de manera que se toca a sí mismo. Mi primera reacción es sacudir y estirar del dedo. Error; eso no se debe hacer, pero fue mi impulso. Pensaba que igual era una simple rampa por fatiga muscular.

Salgo de la reunión y siento una rampa en el brazo derecho. Sacudo el brazo e informo a mi compañero, con quien no tengo contacto visual. Le digo que hay algo que no está bien. Sé cuándo mi cuerpo reacciona por fatiga; conozco esa sensación. Pero ahora era distinto. Algo no iba bien y no era normal lo que me estaba pasando. Pero a tan sólo 30 metros de salir de la vía, decido continuar.

De golpe las dos manos empezaron a tener una respuesta fuera de lo normal. Los dedos empiezan a retorcerse y perder sensibilidad.

Le informo a mi compañero de que me está pasando algo. No sé qué me pasa; no puedo mover mis manos. Él intenta remontarme y yo con la palma de la mano intento subir cuando, de repente, el brazo derecho se me cae y se queda paralizado.

¡No siento el brazo entero!, le chillo a mi compañero. Intento contener las ganas de llorar y mantener la cabeza fría. El pánico empieza a recorrerme el cuerpo al no saber que me está sucediendo.

Le pido a mi compañero que llame a los bomberos, pues va a oscurecer en poco tiempo y casi medio cuerpo superior no lo puedo mover.

Mientras esperamos a los bomberos “GRAE”, mi compañero intenta rapelear hacia mí. El frío me invade el cuerpo, y mi para-viento está en la mochila que llevo y no puedo abrir por mi incapacidad. Por desgracia, no llega hasta mí.

Empiezo a marearme y siento que me voy a desmayar. Al estar totalmente colgada de la pared, mi movilidad es mínima. Mi compañero me alienta y me pide que mueva los pies para entrar un poco en calor. Esto me fue genial, ya que se me estaban adormeciendo las piernas y pies levemente.»

EL RESCATE DE LOS BOMBEROS

«Los bomberos no tardaron en llegar, aunque esos minutos se me hicieron una eternidad. No podía dejar de temblar por el frio, por los nervios, por el miedo….. ¡por todo!

Bajó un bombero por su cuerda; pero la cuerda por la que tenía que subir yo no llega hasta donde estoy. Afortunadamente, con varias bagas me consiguen acercar el mosquetón que debo anclarme.

Pero, ¡no puedo anclarme! ¡No puedo mover las manos ni el brazo! Además, tengo que desanclarme, ya que antes de quedarme completamente paralizada me sujeté con una cinta para estar de dos puntos.

El Bombero rápidamente hace la maniobra, y se pasa a mi cuerda para poder bajar y acceder hasta mí. Cuando llega a mí, me fraga el brazo y, al fin, me tranquilizo con su voz. En ese momento arranco a llorar, dándole las gracias. ¡Me siento en casa!

Le comunico que no puedo moverme y no siento nada. Mi cuerpo tiembla descontroladamente. El rescatador informa a sus compañeros que estoy con hipotermia grado 1 y que no tengo movilidad.

Hace las maniobras necesarias y me suben con la cuerda de rescate junto con el bombero, que me va alentando con su voz.

Una vez arriba, me ven en el límite y deciden subirme en el helicóptero. Éste se aproxima y, con la grúa ( si se llama así) y junto al otro Bombero, nos elevamos y me meten dentro del helicóptero.

Me preguntan si estoy buen. Aunque asiento que sí con la cabeza, mi cara debía ser un poema, El Bombero con el que subí está frente a mi constantemente, dándome calor con sus palabras alentadoras.

En seguida, llegamos a la ambulancia. Allí me atienden mientras me llevan al Hospital más cercano. Me hacen entrar en calor, pero sigo sin sentir mis manos ni mi brazo. Estoy asustada, no sé qué está pasando ni si me quedaré así de por vida

DIAGNÓSTICO DE LA ESCALADORA. LAS SECUELAS DEL COVID-19

«Los Médicos me hacen un análisis completo: ¿Qué ha pasado? ¿Agarrotamiento por sobre esfuerzo? ¿Falta de potasio, calcio, magnesio? ¿Deshidratación?

Los resultados de los análisis indican que todo está bien. Mis niveles están todos correctos, pero hay una inflamación. Resulta que, a pesar de haber sido asintomática, el covid me dejó secuelas: una inflamación pectoral plexo braquial, que unida al sobre-esfuerzo me creó una parálisis de las extremidades.

Por lo que dicen los médicos, las inflamaciones son muy comunes como secuelas del covid. Fue hacer ejercicio de alto rendimiento lo que causó esta parálisis. También produce contracturas musculares, sobre todo en la zona de las cervicales, e inflamación muscular.»

EL MENSAJE PARA LA COMUNIDAD ESCALADORA

«Después de lo vivido os recomiendo que una vez pasado el covid, aunque haya sido asintomática, hay que volver a escalar de manera paulatina. Aunque tú no hayas sentido síntomas, tu cuerpo los ha podido sufrir igual; como es en mi caso.

A las 6 horas empiezo a mover un poco los dedos. Al día siguiente escasamente los brazos, aunque sigo con parestesia. Al tercer día, ya tengo movilidad, pero soy incapaz de sostener nada; no tengo fuerza.

Actualmente, he ganado fuerza; pero sigo dañada. Aunque, poco a poco, voy mejorando.

Estoy a la espera de pruebas médicas neurológicas, otras secuelas que da el covid y no son tan conocidas.

Tras esta experiencia, y junto a Fer, os la queremos hacer llegar para concienciar de lo que puede llegar hacer este virus. Y, en caso de que lo paséis, seáis conscientes de que, aunque no tengáis síntomas y os encontréis bien, debéis volver a escalar de manera gradual. Sin prisas y progresivamente.

Quiero agradecer a mi compañero de cordada Raúl, que supo mantener la calma y estuvo conmigo en todo momento.

A Jaume y Dani junto a su equipo, Bomberos “GRAE” por su actuación rápida y por el calor que me dieron en todo momento.

Y a Fer por querer compartir esta experiencia, y evitar que otro escalador pueda vivir una experiencia tan agónica y vaya con cuidado.

Cuidaros mucho y seguir disfrutando de lo que nos apasiona con cabeza y precaución.

Fuerza a todos con lo que nos ha tocado vivir.

Maya.»

Instagram: @maya_mayeta

CONCLUSIONES SOBRE EL CORONAVIRUS

Ésta es la experiencia de Maya. En mi día a día, vivo algo ausente de este tren que llamamos mundo. No tengo televisión ni leo noticias. Opino que hay que ser crítico con tanta información contradictoria que nos rodea. Sin embargo, el aumento de casos relacionados con mi entorno me han hecho darme cuenta de que el Covid acecha, y no debe ser subestimado.

Tampoco es buena idea llegar al extremo contrario, y entrar en pánico. Simplemente, hay que ser conscientes de que el Covid no sólo afecta a mayores y enfermos. Todos somos posibles víctimas de esta pandemia, y aún no se sabe cómo afectará a la distinta población. Por eso, se deben tomar las medidas adecuadas.

Espero que el mensaje llegue a concienciar. Si queréis compartir vuestras experiencias, podéis hacerlo en los comentarios. Pueden ayudar a que el mensaje llegue a más compañeros escaladores.

Muchas gracias, y ¡a seguir disfrutando de la escalada!

Fuente: PasoClave.com