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Entrevista a la Alpinista orotavense Fefi Hernandez

Entrevista a la Alpinista orotavense Fefi Hernandez

FEFI HERNANDEZ nuestra alpinista orotavense ha sido entrevistada por la Revista OCIO y NEGOCIO, compartimos la noticia desde FB en el enlace al pie de esta noticia.
Informamos al mismo tiempo de su participación en la próxima Semana de La Montaña de esta Federación Insular de Tenerife – FIMT a celebrar en el próximo mes de Noviembre en San Cristóbal de La Laguna.
Enhorabuena FEFI y nos vemos en nuestra Semana de La Montaña.
Federación Tinerfeña de Montaña – FIMT

Fuente: Facebook de Fefi Hernández

 

El cartero canario que más alto ha llegado

El cartero canario que más alto ha llegado

Con 8 años subió por primera vez al Teide y ahora, con 51, ha sido capaz de llegar a la cima del Lhotse, en el Himalaya, la cuarta montaña más alta de la Tierra

Con 8 años subió por primera vez al Teide (3.715 metros), un volcán a cuya cima ha regresado más de un centenar de veces en su vida. El orotavense Anto Pérez es un enamorado de los viajes y de las montañas que, desde 1997, cuando convirtió en funcionario de Correos, dedica el tiempo libre que le deja su labor como cartero a recorrer montañas de medio mundo. Y lo ha hecho de forma progresiva, subiendo peldaño a peldaño en la altitud de sus retos. Hasta lograr convertirse, el 16 de mayo de 2022, en el primer canario en coronar el Lhotse (8.516 metros). Y en el tercero que asciende un ochomil, tras el tinerfeño Juan Diego Amador y el grancanario Javier Cruz. Una experiencia difícil de explicar que él compara con «estar en otro planeta».

Su pasión por la montaña «ha sido todo un proceso». Anto Pérez jamás se había planteado subir un ochomil hasta que en 2021 lo intentó en el Manaslu (8.163 metros). «Con 12 ó 13 años empecé a irme de acampada, luego a recorrer otras islas, pero cuando saqué mis oposiciones en Correos, empecé a viajar fuera: primero a Los Pirineos, luego a Los Alpes, más tarde a Sudamérica y, finalmente, al Himalaya. He subido las montañas metro a metro. Antes de este 8.000 ya había subido muchos 5.000 y 6.000, y algunos de 7.000, como el pico Lenin (7.134), en Kirguistán, o el Muztagata (7.509), en China», recuerda.

Tras el intento fallido de coronar el Manaslu, Anto Pérez puso su mirada en el Lhotse y organizó una expedición en la que hizo un primer tramo junto a la montañera de La Orotava Fefi Hernández, que incluyó una caminata de dos semanas por el Himalaya, la ascensión al Lobuche East (6.119 metros) y el recorrido hasta el campo base del Everest, a unos 5.360 metros de altitud. «Un pequeño pueblito donde llegan los yak (bóvidos de gran tamaño y pelaje lanoso) con carga y los helicópteros, y puedes disfrutar de tiendas individuales y otras comodidades», explica Anto Pérez. Cuando Fefi Hernández regresó a La Orotava, con su reto conseguido para visibilizar la labor de Afes y la importancia del cuidado de la salud mental, el cartero canario que más alto ha llegado pasó unas durísimas semanas de aclimatación y preparación hasta alcanzar la cima del Lhotse.

Anto Pérez perdió diez kilos en esta durísima expedición en la que, en el segundo intento de ataque a la cima, tuvo que elegir entre abandonar o utilizar la ayuda del oxígeno artificial, «como más del 90% de las personas que intentan coronar el Lhotse». Dudó mucho, pero tras aceptar las botellas sobrantes de un alpinista japonés accidentado, pudo lograr su objetivo y visibilizar, junto al techo del mundo, la labor de Pichón Trail Project, que pelea a diario contra la esclerosis múltiple.

Muy debilitado por el esfuerzo titánico en el himalaya, Anto Pérez tuvo la mala suerte de contagiarse de Covid al regresar a la civilización, «probablemente en Katmandú». El coronavirus se le complicó y tuvo que permanecer nueve días ingresado en un hospital. Felizmente recuperado, y a punto de regresar a su labor diaria de reparto de cartas y paquetes, este cartero alpinista comparte con EL DÍA una experiencia inolvidable. Un reto para el que se preparó a conciencia, pernoctando los 13 fines de semana del invierno pasado siempre a más de 3.300 metros de altitud.

A Anto le cuesta describir qué se siente más allá de la «zona de la muerte», donde se recomienda pasar el menor tiempo posible, el oxígeno escasea y el cuerpo humano está al borde del colapso. «Es como estar en otro planeta, en otro mundo. Todo va más lento, todo cuesta más. Nunca he estado en el espacio, pero me sentía así. Los movimientos deben ser extremadamente lentos porque cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, te deja sin aliento. Ponerte las botas te deja jadeando como si se te fuera la vida».

«Tus pasos son muy lentos y sientes una vulnerabilidad tremenda porque sabes que en ese momento serías incapaz de hacer muchas cosas y que tu capacidad de reacción es mínima. Resulta muy complicado transmitir cómo te sientes a alguien que no ha estado en esa situación. Salimos del último campo a medianoche y no llegamos a la cima hasta las 9:10 de la mañana. Para superar entre 650 y 700 metros de desnivel, tardamos 9 horas y 10 minutos. Eso da una idea de la dureza», explica.

«No puedes comer, tu sistema digestivo se paraliza, y aunque te obligues, el cuerpo sabe que en esa situación es más eficiente tirar de las reservas de tu cuerpo porque no tiene capacidad ni energía para hacer una digestión. A esa altitud (por encima de 7.500 metros) tampoco se puede dormir».

En su aclimatación tuvo que superar en cuatro ocasiones la temida Cascada de Hielo, «un glaciar caótico lleno de peligros, donde escuchas el hielo crujir y desprenderse». Recorrió «prácticamente el 80% de la ruta que siguen los que ascienden al Everest», hasta que su camino se bifurcó en el Collado Sur, a casi 8.000 metros. Es la zona donde se separan los alpinistas que van al pico más alto del mundo o a la cuarta cumbre del planeta. Un paso encajonado, monótono y agotador que lleva hasta una última pared de roca de unos veinte metros que da acceso a una cumbre que «no es la más bonita ni la más cómoda. Apenas caben dos personas. Pero sólo por las vistas del Everest, prácticamente a tu altura, ya vale la pena todo».

Respecto al futuro, Anto Pérez asume que tiene 51 años y que toca pensar en los límites del cuerpo, pero también tiene claro que su vida es «trabajar para viajar y conocer montañas, así que no cierro la puerta a enfrentarme en algún momento a otro ochomil y me gustaría intentarlo esta vez sin aporte de oxígeno».

Fuente: eldia.es

Actividades destacadas por nuestros federados en mayo 2022

Actividades destacadas por nuestros federados en mayo 2022

Durante el mes de Mayo algunos de nuestros federados han realizado actividades en el exterior que merecen ser divulgadas por su importancia.

• JOSE ANTONIO GÓMEZ ha realizado un training en Marruecos en el desierto ZAGORA en
la zona del ATLAS y ascendiendo más de tres +4000 mts. su objetivo final es el ISLAND
PEAK de 6160 mts.en Nepal el próximo otoño.

• FEFI HERNANDEZ, coronó con éxito en Nepal el LOBUCHE PEAK 6119 mts.

• ANTO ILLIMANI, consiguió nuestro cuarto +8000 mts. el LHOTSE 8516 mts.

Desde la Federación Insular de Montañismo de Tenerife – FIMT les damos la enhorabuena y le deseamos éxito en sus próximos objetivos.

ENHORABUENA…

Atentamente,
FIMT

 

El descubrimiento del Everest

El descubrimiento del Everest

La historia que vamos a contar a continuación no está relacionada, ni con el origen geológico, ni con las peculiaridades físicas del Everest, la montaña más alta del mundo. Nuestro propósito es describir las circunstancias que rodearon su descubrimiento o, mejor, el descubrimiento del rasgo que la ha hecho famosa y que no es otro que su altitud sobre el nivel del mar: 8.848 metros, o 8.848´86 metros si hacemos caso de los últimos cálculos, los llevados a cabo entre mayo de 2019 y 2020 por un equipo formado por topógrafos y geógrafos chinos y nepalíes.

Todo comenzó en 1802. En torno a esa fecha, la East India Company ordenó a William Lambton (1753 – 1823), uno de los muchos oficiales británicos que mantenía a su servicio, hacerse cargo de la dirección de un proyecto extremadamente ambicioso y sin precedentes en la historia de la geodesia y la cartografía. La misión que le ordenaron llevar a cabo –y que no llegó a concluir– fue medir una sección de arco del meridiano que atraviesa el subcontinente indio desde un punto situado al este de Kanyakumari, en el sur, hasta Banog, una localidad de Himachal Pradesh situada a los pies del Himalaya. El propósito primordial de esta empresa, bautizada con el nombre de Great Trigonometrical Survey, era calcular las dimensiones exactas de la anomalía geodésica de la Tierra dado que, como ya se sabía por aquel entonces, nuestro planeta no es una esfera perfecta sino un geoide achatado por los polos. Sin embargo, este objetivo iba acompañado de otro no menos importante para los intereses políticos y económicos de los colonizadores europeos: realizar un reconocimiento exhaustivo y cartografiar la totalidad de la superficie de la India hasta en sus menores detalles.

Los trabajos se prolongaron durante más de seis décadas, desde 1802 hasta 1866, y durante todo ese tiempo no se introdujeron cambios en los objetivos, pero si en su organización y en el modo de llevarlos a cabo. Los más importantes tuvieron que ver con la creación de una institución específica para sustituir a la East India Company y con los cambios que se produjeron en la dirección de la misma. La institución a la que se encomendó la conducción y coordinación de todo el trabajo se llamó, y se sigue llamando, Survey of India, y sus principales responsables durante el período que nos interesa fueron tres: George Everest (1790 – 1866), Andrew Scott Waugh (1810 – 1878) y James Walker (1826 – 1896). La actividad de Everest al frente de este organismo se extendió a lo largo de dos décadas, desde la muerte de Lambton en 1823 hasta su jubilación en 1843. En esa fecha cedió su puesto a Waugh que, a su vez, fue sustituido por Walker en 1861.

Como es de suponer, la medición exacta de la altura de las montañas no figuraba entre las prioridades del Survey of India o de sus directores. Seguramente tenían cosas mucho más importantes o urgentes que hacer. Sin embargo, era poco menos que inevitable que las midieran o, incluso, que las ascendieran con el fin de colocar en sus cumbres los teodolitos y los instrumentos de los que se servían para realizar las triangulaciones u otras tareas. Y fue precisamente en el curso de estas operaciones cuando alguien advirtió la existencia de una cumbre más alta, mucho más alta de lo normal o de las que hasta entonces habían aspirado a convertirse en el techo del mundo: Nanda Devi y Kanchenjunga.

Inicialmente y durante varias décadas, la merecedora de este honor había sido la primera, el Nanda Devi, una montaña que, además de ser prominente, era accesible y se encontraba relativamente cerca de Nueva Delhi. Sin embargo, en 1847 los empleados del Survey descubrieron que esta atribución era completamente errónea porque su altitud, 7.826 metros, quedaba muy por debajo de los 8.586 de la otra aspirante, el Kanchenjunga. Aquí no acabó la cosa. Menos de 10 años después, comenzó a abrirse paso la idea de que había una candidata mucho mejor para ostentar el título. Basándose en los registros realizados en 1847 por tres topógrafos de manera independiente (Waugh, Armstrong y Nicholson) en tres localizaciones muy alejadas entre sí y de la observación de las mareas llevada a cabo en el puerto de Karachi en 1851, A. S. Waugh decidió dar un paso adelante. En un artículo fechado en 1856 anunció que la verdadera triunfadora de esta contienda era una cima en la que, hasta entonces, nadie había reparado lo suficiente. La nueva montaña, denominada provisionalmente con los nombres de Pico b, Pico h y Pico XV, se elevaba hasta unos fabulosos e increíbles 8.840 metros. Como la ocasión la pintan calva, Waugh propuso que el pico recibiera el nombre de Everest en honor a su predecesor. Al menos eso es lo que podemos deducir de su propio testimonio: “(…) existe una montaña, probablemente la de mayor altitud de todo el mundo, que carece de un nombre local que podamos hallar (…) en conformidad con el que creo es el deseo de todos los miembros del departamento que tengo el honor de presidir, y para perpetuar la memoria del ilustrado maestro de la investigación geográfica, he decidido que esta noble montaña del Himalaya sea bautizada con el nombre de Monte Everest”. Un apelativo más que añadir a los que ya poseía en nepalí (Sagarmatha), tibetano (Chomolungma) y chino (Zhumulangma).

Fuente: eldiario.es

REUNIÓN CON EL DIRECTOR INSULAR DE CARRETERAS DEL CABILDO INSULAR DE TENERIFE

REUNIÓN CON EL DIRECTOR INSULAR DE CARRETERAS DEL CABILDO INSULAR DE TENERIFE

Ayer día 4 de octubre de 2021 el Presidente de la Federación Insular de Montañismos de Tenerife, D. Humberto Domínguez, junto a la Vocal de Escalada de dicha Federación, Dña. Reyes de Miguel, mantuvieron reunión con D. Tomás García, Director Insular de Carreteras del Cabildo Insular de Tenerife.

El tema principal a tratar fue conocer la situación que afecta a la Escuela de Escalada de Guayte en Santa Cruz de Tenerife, ya que se están realizando labores de mallado en la zona por problemas de seguridad debidos a derrumbes.

El Director Insular nos ha explicado con detalle todo lo relacionado con el expediente y marcado los lugares concretos en los que están trabajando. Nosotros le hemos indicado exactamente dónde está la escuela de escalada, cuántas vías hay y el interés que tenemos por esta única escuela en medio natural y especialmente para niños y niñas en el municipio de Santa Cruz.

La reunión ha transcurrido con total cordialidad y con buenos resultados, ya que aunque efectivamente una parte de la zona de escalada va a quedar anulada por evidentes riesgos de caída de una roca fracturada, ello no ocurrirá con toda ella; según se nos informo la franja de mallado coincidirá bastante con la marcada en la adjunta imagen (Javier Martín Carbajal)

Por tanto tenemos buenas perspectivas para el resto de la zona la cual va a ser valorada e inspeccionada por el ingeniero proyectista de la obra acompañado por la Vocal de Escalada.

Ambas partes tenemos como prioridad asegurar la seguridad para todo el colectivo de montaña y cualquier ciudadano o ciudadana que transite o circule por ese lugar.

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