I Congreso Internacional de Mujer y Montaña




El pasado 19 de septiembre el volcán de Cumbre Vieja entraba en erupción. Una actividad volcánica duraría más de 80 días.
En este tiempo la actividad volcánica ha destruido más de 1.600 edificaciones, la lava emanada ha superado las 1.200 hectáreas de terreno cubierto y ha obligado a desalojar a más de 7.000 personas.
El fin de la erupción no significa el fin de la emergencia. El pasado 6 de diciembre la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada y la Federación Insular de Montañismo de Tenerife, lanzábamos la acción solidaria “La Montaña con La Palma” con la que recaudar fondos para La Palma.
Los pasados días 8 y 9 de enero, se realizaron diversas actividades de montaña por toda la geografía española y participaron las diferentes disciplinas deportivas que forman parte de nuestra federación. La inscripción solidaria, con una aportación mínima de 5 € o la cantidad que desease donar, a permitido recaudar un total de 6.943,00 euros gracias a las 636 inscripciones en el proyecto “La Montaña con La Palma”.
Deseamos agradecer a todas aquellas personas que han participado y colaborado con este Proyecto de ayuda a la isla de La Palma tras sufrir la erupción volcánica de Cumbre Vieja.
Tres asociaciones que trabajan incansablemente con las personas damnificadas, y sobre el terreno desde el inicio de esta emergencia, recibirán próximamente los fondos recaudados para que puedan continuar la labor que desempeñan en la isla.
Las fotografías que a continuación aparecen son collages realizados con las imágenes enviadas por los participantes en el proyecto “La Montaña con La Palma”. En todas ellas, las personas que se inscribieron están realizando alguna actividad de montaña con el dorsal representativo de este proyecto de ayuda.
Desde La Palma os envían un mensaje de gratitud e invitación a visitar un lugar maravilloso, lleno de espíritu de montaña.

La historia que vamos a contar a continuación no está relacionada, ni con el origen geológico, ni con las peculiaridades físicas del Everest, la montaña más alta del mundo. Nuestro propósito es describir las circunstancias que rodearon su descubrimiento o, mejor, el descubrimiento del rasgo que la ha hecho famosa y que no es otro que su altitud sobre el nivel del mar: 8.848 metros, o 8.848´86 metros si hacemos caso de los últimos cálculos, los llevados a cabo entre mayo de 2019 y 2020 por un equipo formado por topógrafos y geógrafos chinos y nepalíes.
Todo comenzó en 1802. En torno a esa fecha, la East India Company ordenó a William Lambton (1753 – 1823), uno de los muchos oficiales británicos que mantenía a su servicio, hacerse cargo de la dirección de un proyecto extremadamente ambicioso y sin precedentes en la historia de la geodesia y la cartografía. La misión que le ordenaron llevar a cabo –y que no llegó a concluir– fue medir una sección de arco del meridiano que atraviesa el subcontinente indio desde un punto situado al este de Kanyakumari, en el sur, hasta Banog, una localidad de Himachal Pradesh situada a los pies del Himalaya. El propósito primordial de esta empresa, bautizada con el nombre de Great Trigonometrical Survey, era calcular las dimensiones exactas de la anomalía geodésica de la Tierra dado que, como ya se sabía por aquel entonces, nuestro planeta no es una esfera perfecta sino un geoide achatado por los polos. Sin embargo, este objetivo iba acompañado de otro no menos importante para los intereses políticos y económicos de los colonizadores europeos: realizar un reconocimiento exhaustivo y cartografiar la totalidad de la superficie de la India hasta en sus menores detalles.
Los trabajos se prolongaron durante más de seis décadas, desde 1802 hasta 1866, y durante todo ese tiempo no se introdujeron cambios en los objetivos, pero si en su organización y en el modo de llevarlos a cabo. Los más importantes tuvieron que ver con la creación de una institución específica para sustituir a la East India Company y con los cambios que se produjeron en la dirección de la misma. La institución a la que se encomendó la conducción y coordinación de todo el trabajo se llamó, y se sigue llamando, Survey of India, y sus principales responsables durante el período que nos interesa fueron tres: George Everest (1790 – 1866), Andrew Scott Waugh (1810 – 1878) y James Walker (1826 – 1896). La actividad de Everest al frente de este organismo se extendió a lo largo de dos décadas, desde la muerte de Lambton en 1823 hasta su jubilación en 1843. En esa fecha cedió su puesto a Waugh que, a su vez, fue sustituido por Walker en 1861.
Como es de suponer, la medición exacta de la altura de las montañas no figuraba entre las prioridades del Survey of India o de sus directores. Seguramente tenían cosas mucho más importantes o urgentes que hacer. Sin embargo, era poco menos que inevitable que las midieran o, incluso, que las ascendieran con el fin de colocar en sus cumbres los teodolitos y los instrumentos de los que se servían para realizar las triangulaciones u otras tareas. Y fue precisamente en el curso de estas operaciones cuando alguien advirtió la existencia de una cumbre más alta, mucho más alta de lo normal o de las que hasta entonces habían aspirado a convertirse en el techo del mundo: Nanda Devi y Kanchenjunga.
Inicialmente y durante varias décadas, la merecedora de este honor había sido la primera, el Nanda Devi, una montaña que, además de ser prominente, era accesible y se encontraba relativamente cerca de Nueva Delhi. Sin embargo, en 1847 los empleados del Survey descubrieron que esta atribución era completamente errónea porque su altitud, 7.826 metros, quedaba muy por debajo de los 8.586 de la otra aspirante, el Kanchenjunga. Aquí no acabó la cosa. Menos de 10 años después, comenzó a abrirse paso la idea de que había una candidata mucho mejor para ostentar el título. Basándose en los registros realizados en 1847 por tres topógrafos de manera independiente (Waugh, Armstrong y Nicholson) en tres localizaciones muy alejadas entre sí y de la observación de las mareas llevada a cabo en el puerto de Karachi en 1851, A. S. Waugh decidió dar un paso adelante. En un artículo fechado en 1856 anunció que la verdadera triunfadora de esta contienda era una cima en la que, hasta entonces, nadie había reparado lo suficiente. La nueva montaña, denominada provisionalmente con los nombres de Pico b, Pico h y Pico XV, se elevaba hasta unos fabulosos e increíbles 8.840 metros. Como la ocasión la pintan calva, Waugh propuso que el pico recibiera el nombre de Everest en honor a su predecesor. Al menos eso es lo que podemos deducir de su propio testimonio: “(…) existe una montaña, probablemente la de mayor altitud de todo el mundo, que carece de un nombre local que podamos hallar (…) en conformidad con el que creo es el deseo de todos los miembros del departamento que tengo el honor de presidir, y para perpetuar la memoria del ilustrado maestro de la investigación geográfica, he decidido que esta noble montaña del Himalaya sea bautizada con el nombre de Monte Everest”. Un apelativo más que añadir a los que ya poseía en nepalí (Sagarmatha), tibetano (Chomolungma) y chino (Zhumulangma).


Si en la Ruta del Cares existe un exceso de visitantes es un debate recurrente sobre el cual tratará ahora de arrojar luz un estudio. Los presupuestos del Parque Nacional de los Picos de Europa contemplan para 2022 una partida de 18.150 euros consignados a la elaboración de un «estudio de capacidad acogida». Al discurrir la popular ruta por territorio de Asturias y León, a la Administración asturiana le corresponderá aportar 10.262,01 euros de la cuantía, mientras que a la leonesa los 7.887,99 restantes. La elaboración de esos estudios aparecía ya contemplada en el borrador del plan rector de uso y gestión (PRUG) y será la Ruta del Cares la primera zona en someterse a un análisis del cual se puede derivar «el establecimiento de cupos que garanticen los objetivos de conservación y protección, adecuando el número de visitantes a dicha capacidad y a la zonificación establecida», según recogía el mismo borrador del PRUG.
Un estudio de capacidad de acogida marca, por definición, el nivel máximo de visitantes que una zona determinada puede soportar al día garantizado el menor impacto ecológico y la mayor satisfacción posible de los usuarios. En el caso de la Ruta del Cares, su tirón ha ido creciendo hasta llegar a convertirse en la senda ‘estrella’ del Parque Nacional. En lo que va de año, según los datos del espacio protegido a los que ha tenido acceso este periódico, accedieron a la ruta por Poncebos, en Cabrales, un total de 98.369 personas y salieron 75.492. En Caín, en León, las cifras fueron de 93.390 y 76.147 senderistas, respectivamente. En el caso del acceso asturiano, la media diaria de entrada es de 318 personas y la de salida de 243. Sin embargo, en el detalle por meses queda patente el componente estacional de esa ruta, con picos en verano, fines de semana y puentes festivos. Este agosto se llegaron a superar las 1.600 personas diarias, una tendencia que se repite cada verano, con jornadas de 2.000 senderistas antes de la pandemia.
El volumen de afluencia se traduce en problemas de tráfico y acumulación de coches mal aparcados, una problemática que Principado y Ayuntamiento atajaron mediante un plan de transporte con parada en Poncebos y que, tras una primera prueba en 2020, se implantó a diario esta última temporada estival.
Más allá de la Ruta del Cares, el de la movilidad es un quebradero de cabeza que se extiende a más zonas de los Picos de Europa, como Covadonga y los Lagos.
Para esos focos del turismo se plantean también estudios de cara al próximo año, en su caso vía presupuestos del Principado. Las cuentas autonómicas -que aún deben ser aprobadas- contemplan una partida de 5.164 euros para un «estudio de viabilidad del remonte mecánico a Covadonga». El proyecto para dotar al santuario de un funicular fue retomado ya en 2018 por el entonces consejero de Infraestructuras, Fernando Lastra. Hace tres años, el Gobierno autonómico llegó a anunciar que transportaría 1.200 pasajeros a la hora y que se habilitarían 1.200 plazas de aparcamiento en la finca de Les Llanes. La estimación pasaba entonces por invertir 12 millones de euros a través de un modelo de colaboración público-privado, pero la idea no se llegó a ejecutar.
Otro de los estudios de movilidad que atañe a los Picos es el de «alternativas multimodales del acceso a los Lagos». A él se consignan en las cuentas del Principado para 2022 un total de 6.900 euros. Dicho estudio ya fue adjudicado en 2019 por un importe de 71.329 euros, pero hasta la fecha el resultado no ha sido hecho público.
La meta era «determinar la alternativa óptima de acceso colectivo» a los Lagos de Covadonga y entre las opciones se barajaba desde el actual transporte por carretera a «ferrocarriles» y el «transporte por cable». Sin embargo, el borrador del Prug del pasado año cerraba la puerta a proyectos como el del tren cremallera en esa zona de los Picos.