FIMT - FEDERACIÓN INSULAR DE MONTAÑISMO DE TENERIFE 922 882 239 info@fedtfm.es
Seleccionar página
Anto afronta su primer ochomil

Anto afronta su primer ochomil

‘Anto’ afronta su primer ochomil

El montañero Antonio Miguel Pérez iniciará el próximo día 30 una expedición en la que intentará ascender sin oxígeno al Manaslu, la octava montaña más alta del planeta

Antonio Miguel Pérez, más conocido como Anto, tiene ya currículum montañero. Este orotavense permaneció durante años fuera del foco mediático y realizando expediciones por su cuenta y sin otro objetivo que disfrutar de ellas. El Muztagh Ata (7.546 metros), en China; el Pico Lenin (7.134), entre Tayikistán y Kirguistán; el Illimani (6.438), en Bolivia, y el Mera Peak (6.479), en Nepal, son las principales cumbres que ha hollado. Hasta ahora. Anto afrontará en quince días su primer ochomil, el Manaslu, en Nepal y de 8.163 metros, la octava montaña más alta del planeta. Será en un reto del modo más autónomo posible (sin oxígeno ni sherpas, los porteadores del Himalaya en los que se apoyan muchas expediciones) y con un trasfondo benéfico.

Los también montañeros Pako Crestas y José María Ponce, catalán y alicantino, respectivamente, acompañarán a Anto Pérez en una aventura que se prolongará entre el 30 de agosto y el 10 de octubre. Sus gastos los ha logrado financiar gracias al apoyo de dos personas que prefieren permanecer en el anonimato. «No buscan ningún beneficio económico ni publicitario; son orotavenses y les hace ilusión que alguien del municipio emprenda un reto de este tipo», explica sobre sus particulares mecenas. La única institución pública que colabora con él es el Ayuntamiento de La Orotava. Esta administración le aportó 1.000 euros que han sido «redirigidos» a un fin de carácter social: confeccionar unas camisetas conmemorativas para venderlas y que el beneficio se destine a la iniciativa que la asociación Pichón Trail Project realiza con enfermos de esclerosis múltiple y sus familiares.

Anto, de 50 años, es un rostro conocido en la Villa por su profesión de cartero, media vida callejeando y tocando en cada puerta. El kilómetro cero de su trayectoria deportiva está, con ocho años, en el Teide. «Mi padre subía porque le gustaba la montaña; lo que pasa es que la gente de aquella época poco tiempo tenía para eso, sino que estaba todo el día trabajando», rememora. «En aquel entonces, él organizó una excursión con la familia y yo subí al Teide por primera vez con ocho años», apunta sobre una jornada de la que guarda un recuerdo «muy bonito». Vinieron después las acampadas con amigos y, más tarde, esos mismos amigos dejando la actividad porque iban cambiando de preferencias vitales. «Poco a poco, los amigos iban teniendo novias y yo me quedé ahí enganchado a la montaña. Al final terminé caminando solo porque la gente se iba yendo para un lado u otro», expresa.

El siguiente paso fue recorrer el Archipiélago y, a continuación, ya en Correos y con un sueldo, empezó a dedicar sus vacaciones anuales a una expedición. «Desde mis primeras vacaciones, todas fueron destinadas a la montaña», precisa. «Empecé a ir a Los Pirineos durante varios años y di después el salto a Los Alpes y estuve haciendo cuatromiles por allí. He ido por escalones, poco a poco. Estuve yendo otros cuatro o cinco años a Sudamérica, a Los Andes, donde están los grandes cincomiles y seismiles. Allí subí seismiles en Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina… También fui a África», añade. «Con más confianza y habiendo subido unos cuantos seismiles en Sudamérica, empecé en el Himalaya, que es donde se encuentran las montañas de 7.000 y 8.000 metros. Allí he visitado muchos países: la India, Nepal, Irán, Kirguistán, China…», completa. Por mencionar algunos de sus principales hitos desde el punto de vista deportivo, ascendió al Kala Patthar (5.643 metros), en Nepal; al tanzano Kilimanjaro (5.895), la montaña más alta de África; al Licancabur (5.920), entre Bolivia y Chile; al Acamarachi (6.046), en Chile; al Huayna Potosí (6.088), en Bolivia; al Stok Kangri (6.153), en la India; al Imja Tse (6.189), más conocido como Island Peak, en Nepal; al Sajama (6.542), en Bolivia, y al Llullaillaco (6.739), entre Argentina y Chile. Ahora bien, asegura que los metros no son su principal motivación.

«Mis viajes no son solo la montaña; me gusta meterme en el país. He vivido en Los Andes experiencias muy bonitas, y ya ni te cuento en África… El viaje que hice a Etiopía fue de un enriquecimiento brutal en cuanto a conocer otras culturas», manifiesta. En parte por esa forma de entender el montañismo, y hasta que su amigo José Maza le recomendó que se moviese en las redes sociales (su nombre en ellas es Anto Illimani Mera, en honor de dos de sus principales cumbres), actuó siempre anónimamente.

Una expedición compleja

Esta nueva expedición ha estado marcada por la covid. Anto la tenía prevista para 2020, pero la tuvo que posponer ante las dificultades y los cierres fronterizos. «Los permisos son un poco engorrosos, pero se hacen y ya está; lo peor ha sido la incertidumbre», señala cuando se le pregunta por los preparativos para este largo viaje. «De entrada son dos días de vuelos. La idea es estar en Katmandú dos o tres días para trámites burocráticos, permisos, comprar lo que haga falta… Y después tenemos que hacer un trekking de aproximación a la montaña, que son cinco días caminando por pueblos nepalíes, por el Parque Nacional del Manaslu», relata. Al quinto día, él y sus compañeros llegarán al campo base y, a partir de ahí, serán unos 25 días en la montaña.

Los preparativos los ha realizado, como no podía ser de otra forma, en el Teide. «La intención inicial es subir sin oxígeno y de la forma más autónoma posible», destaca sobre una decisión tomada por motivos económicos pero también porque es como realmente más le gusta la aventura. Es decir, él y sus piolet, los crampones, los mosquetones… y la montaña en estado puro.

Fuente: eldia.es

Una sombra en el recuerdo de Ueli Steck

Una sombra en el recuerdo de Ueli Steck

Un estudio de Rodolphe Popier revela incongruencias y falta de pruebas en el relato que hizo el alpinista de sus ascensiones en solitario al Shisha Pangma y al Annapurna

Ueli Steck perdió la vida en 2017 de forma tan inexplicable como traumática: la caída en el Nuptse del mejor alpinista del siglo XXI dejó huérfana una disciplina que con él había dado saltos de gigante hacia un futuro apenas imaginado. Steck, La Máquina Suiza, demostró que la excelencia técnica conjugada con el entrenamiento aeróbico sistemático podían llevar el alpinismo a cimas impensadas. También demostró una humanidad excepcional al jugarse la vida para que el navarro Iñaki Ochoa de Olza no muriese solo en una tienda a 7.400 metros en la arista este del Annapurna (8.091 m). Y como si ese gesto mereciese algo más que las medallas que rehusó, el Annapurna le regaló la oportunidad de firmar la ascensión más extraordinaria que se recuerda desde que en 1990 Tomo Cesen declaró haber escalado en solitario la cara sur del Lhotse (8.516 m).

En 2013, Steck terminó la ruta empezada en 1992 por los franceses Pierre Béghin y Jean Christophe Lafaille en la cara sur del Annapurna: lo hizo en solitario, en estilo alpino y en un tiempo estratosférico de 28 horas. Apenas dos semanas después, dos de los mejores alpinistas franceses de la historia repitieron el trazado del suizo invirtiendo ¡9 días! Stéphane Benoist lideró la ascensión y su amigo Yannick Graziani los devolvió a ambos a la vida conduciendo el terrible descenso. Hoy, el primero duda que Ueli Steck dijese la verdad cuando aseguró haber alcanzado la cima. Graziani está convencido de que mintió.

Otro francés, Rodolphe Popier, presentó en 2017 un estudio riguroso que recoge los hechos de los días 8 y 9 de octubre de 2013 en el Annapurna. Popier no es un recién llegado en el análisis de datos relacionados con las ascensiones en el Himalaya. A la muerte de Miss Hawley, conocida como la notaria del Himalaya, la dama que interrogaba a todo aquel que aseguraba haber ascendido un pico buscando incongruencias y faltas de pruebas antes de validar las supuestas ascensiones, Popier y dos colegas recogieron el desafío de completar el Himalayan Database, un almanaque de estadísticas de la cordillera. Entre 2015 y 2017, apoyándose en el testimonio del propio Steck, de sus compañeros de expedición, de las imágenes tomadas desde el campo base, de imágenes vía satélite y de un recopilatorio histórico de velocidades de ascenso en el Himalaya, Popier elaboró un informe que arroja serias dudas sobre la veracidad de la palabra de Steck.

Durante décadas, la palabra de alguien que afirmase haber pisado tal o cual cima en solitario bastaba para creerle. Si aportaba pruebas fotográficas o abandonaba algo en la cima que otros encontrasen después, el asunto quedaba zanjado. En caso contrario, la palabra dada se consideraba suficiente. Hoy uno puede llamar por teléfono desde la cima de un ochomil, sacar fotos con el móvil, demostrar que ha alcanzado el punto más alto gracias al GPS, al reloj… La palabra de honor ha de respetarse, pero no hace falta recurrir a ella cuando resulta tan sencillo demostrar los hechos.

Ueli Steck nunca aportó imágenes de su ascensión: aseguró que una colada de nieve fresca le arrancó la cámara de las manos. Patrocinado por una marca de relojes GPS, nunca mostró rastro alguno o el waypoint (punto de paso) de la cima. Nunca explicó el silencio de la tecnología que empleaba.

El 8 de octubre de 2013 a las cinco de la tarde, Steck se refugió en una grieta a 6.900 metros, 100 metros por debajo del muro de 500 metros de desnivel que constituye el tramo clave de la ruta hacia la cima del Annapurna. Desde el campo base se le vio y fotografió cuando accedía a la grieta. Solo se le volvió a ver temprano al día siguiente mientras descendía del mismo vivac, pero al alcanzar el campo base Steck afirmó que había escalado de noche hasta la cima, lo que implicaba un alucinante viaje de apenas 28 horas para una de las paredes más temidas, difíciles y comprometidas del Himalaya. Varios integrantes del campo base permanecieron fuera de sus tiendas por la noche tratando de ver la luz frontal del suizo, pero nadie vio luz alguna. Dos sherpas aseguran haber visto una luz justo bajo la cima, que en realidad no se ve desde el campo base: en la cultura de Nepal, mentir por alguien con el que se está en deuda no es un descrédito. Benoist y Graziani vieron el vivac de Steck, pero ninguna traza suya por encima. Tampoco desde el campo base se apreciaron huellas en la nieve por encima del muro clave de la ruta.

Para explicar la facilidad con la que escaló los 500 metros del tramo clave, el suizo dijo haber encontrado “condiciones excepcionales”, con una capa de hielo cubriendo el muro que le permitió avanzar con celeridad. Pero las fotos lo desmienten, y el hecho de que apenas 15 días después la pareja francesa tardase dos días y medio en superar la dificultad demuestran que el terreno por el que se movió de noche Steck era mixto y muy técnico. Pese a ello, Steck aseguró haber invertido 6 horas y 45 minutos desde su vivac hasta la cima y apenas tres horas de regreso desde el punto más alto hasta los 6.900 metros, rapelando los 500 metros del muro vertical. Benoist y Graziani tardaron dos días en rapelar esa sección abandonando prácticamente todo su material. Steck no abandonó nada aduciendo que el hielo era tan bueno que pudo rapelar desde puentes de hielo (conocidos como abalakovs). Popier descubrió que Steck refirió a tres personas números distintos de abalakovs: 4, 8, 10.

Preguntado sobre cómo supo que había alcanzado la cima, el suizo refirió hasta cuatro versiones diferentes: gracias a su reloj GPS; cuando alcanzó la arista; al alcanzar la segunda de las tres cornisas principales de la arista; y hasta un trazado en una foto que no mostraba la cima, sino una antecima al este. Pero lo más intrigante es que el suizo fue capaz de escalar más rápido por encima de los 7.000 metros que por debajo de esa altitud. ¿Cuál es la versión buena?

Popier demostró gran valentía cuando presentó su trabajo a los responsables de los Piolets de Oro, el máximo galardón del mundo del alpinismo. “Mi intención no es atacar a Steck ni a nadie, sino señalar una evidencia: hablando de alpinistas profesionales no es normal que no se les exija, o que ellos no se exijan, pruebas irrefutables de sus logros, y es algo que no parece preocupar ni a los propios actores ni a las instituciones”, relata. Plantea para el conjunto del alpinismo profesional algo similar a lo que Miss Hawley logró en los ochomiles: que no hubiese mentirosos como los dos indios que demostraron hace bien poco su cima en el Everest colocándose en ella con Photoshop.

Lo cierto es que Popier albergaba dudas acerca de Steck desde 2013, cuando encontró una foto de Steck en la cara sur del Shisha Pangma, a 7.300 metros, tomada durante su fantástico ascenso de 2011, cuando el suizo escaló la pared en diez horas y media. Popier estudiaba entonces la velocidad en el Himalaya de los mejores alpinistas, cuando las cifras de Steck empezaron a chirriarle. Desde la base de la pared hasta los 7.300 metros, avanzó por pendientes de nieve fáciles para él a una media de 147 metros/hora. Desde ese lugar, Steck aseguró haber alcanzado la cima 2 horas y 25 minutos después y esto después de superar 300 metros de terreno “exigente con una sección de roca desplomada para alcanzar la arista” y recorrer una arista de 1,57 kilómetros de longitud con “nieve a ratos por el tobillo, la rodilla e incluso las caderas”. Esto significa que tuvo que progresar a entre 300 y 350 metros verticales a la hora, en terreno técnico que desconocía, sin huella abierta a casi 8.000 metros: doblando la velocidad de la parte sencilla de la montaña ante testigos que le siguieron desde el campo base.

Además, Steck tampoco aportó fotografías (dijo que su cámara se congeló) ni datos de su reloj, ni de su GPS, ni descripción de la arista que discurre desde el final de su ruta hasta la cima. ¿Por qué?, se pregunta Popier. En 2015, mantuvo una entrevista con Steck en Katmandú: cuando le preguntó cómo era posible su aceleración en la parte alta del Shisha Pangma, el suizo montó en cólera. En los siguientes intercambios por correo electrónico, Steck nunca aclaró los puntos oscuros de su ascensión. “Hasta 2015, recuerdo que a aquellos que dudaban de los logros de Ueli Steck les respondía que un alpinista de talla mundial no tenía ninguna razón para mentir”, ironiza Popier. Nadie puede asegurar que el suizo mintió. Pero si lo hizo, saber qué razones se concedió para el engaño arrojaría luz sobre los vericuetos de la mente humana.

Fuente: elpais.com

Carlos Soria: “Quiero demostrar que las personas mayores seguimos con ilusiones”

Carlos Soria: “Quiero demostrar que las personas mayores seguimos con ilusiones”

El alpinista se prepara para subir el Dhaulagiri con 82 años como homenaje a una generación en la pandemia

Carlos Soria tiene 82 años y una mochila cargada de ilusiones. Sobre todo la de volver esta primavera al Dhaulagiri (8.167m), uno de los dos ochomiles, junto al Shisha Pangma (8.013m), que le restan para completar la colección de las 14 montañas más elevadas del planeta y convertirse en la persona de más edad en este selecto grupo. Una montaña especial. Por todas las veces que se le ha resistido (hasta 10 veces ha pisado su nieve), porque allí murió su amigo Pepe Garcés y porque, en tiempos de pandemia, quiere dedicar el ascenso a los mayores.

“Tengo innumerables récords. Once montañas de más de 8.000 metros con más de 60 años. He subido al K2 y he bajado con muy mal tiempo con 65. He hecho el Annapurna con 77 años, la montaña más peligrosa del mundo. Pero el récord del que estoy más contento es que de mis 68 años de alpinismo nunca me han tenido que sacar de una montaña, siempre he salido yo solo. Y nunca he tenido una congelación. Todo eso es simplemente sentido común. Y ahora quiero ir al Dhaulagiri. Quiero demostrar que las personas mayores seguimos teniendo muchas ilusiones, muchas ganas de vivir. Lo hemos pasado muy mal y hay gente a la que quiero animar a que siga con ganas de vivir. Vamos a intentarlo. He perdido ya un año por la pandemia y no quiero perder otro. Necesitamos un patrocinador. Tengo 82 años y estoy en edad de riesgo, pero soy alpinista de toda la vida. Quiero intentar terminar mi proyecto”, cuenta Carlos Soria en un vídeo con el que busca apoyos para su expedición. Con un buen grupo de sherpas y un cámara, el coste puede irse a los 14.000 euros. “Yo voy a ir de todos modos”, cuenta.

Soria se entrena en Moralzarzal, donde vive. En una bici en el garaje de su casa, donde comienza a dar pedales a las seis y media de la mañana, mientras el pueblo duerme. En las pendientes de Peñalara, el Telégrafo y la Pedriza. A veces en escapadas a los Pirineos o concentraciones en Sierra Nevada. Solo la pandemia le dejó el año pasado sin poder viajar al Himalaya. Ahora se prepara para volver, para culminar su proyecto de los 14 ochomiles, y para rendir un homenaje a una generación.

Fuente: elpais.com

Lo mejor del alpinismo de 2020

Lo mejor del alpinismo de 2020

La epidemia global de coronavirus ha tenido un efecto devastador en las montañas. Las restricciones a los viajes y la movilidad impuestas por todos los gobiernos del mundo han impedido llevar a cabo con normalidad las expediciones previstas. Porteadores y guías han sufrido un año de trabajo casi en blanco y los alpinistas profesionales se las han visto y se las han deseado para pisar su terreno de juego favorito e incluso para entrenar.

Dentro de este panorama, apenas sorprende que la noticia relacionada con la montaña más difundida a nivel mediático haya sido que el resultado de las últimas mediciones del Everest, que le otorgan una altitud de 8.848,86 metros… o sea, que no ha cambiado.

Himalayas: Sani Pakush y K6

Apenas ha habido expediciones interesantes en el Himalaya y el Karakórum durante 2020. La expansión de la pandemia a nivel mundial comenzó justo antes de la temporada de expediciones de primavera, mantuvo un cierre total hasta finales de verano y registró una mínima apertura ya en otoño. Demasiadas incertidumbres para permitir llevar a cabo una expedición ambiciosa a los ochomiles, que han registrado poquísimas ascensiones y ninguna de mérito en 2020.

Las dos cimas más destacadas, con diferencia, fueron realizadas en octubre en el Karakórum. Por un lado, los estadounidenses Jeff y Priti Wright firmaron la primera ascensión absoluta del K6 Central (7.100 m), en una aventura en estilo alpino que comenzaron ascendiendo por tercera vez en la historia el K6 Oeste (7.040 m). Por el otro, los franceses Symon Welfringer y Pierrick Fine realizaron la primera ascensión de la vertiente sur del Sani Pakush (6.951 m).

Vale la pena destacar también una tendencia en crecimiento y que habrá que tener muy en cuenta: la de sherpas nepalíes con iniciativas propias en sus montañas, con independencia de sus clientes. El hecho de no haber tenido clientes este año la ha hecho incluso más visible. En octubre, Dawa Steven Sherpa lideró un grupo hasta la cima del Baruntse (7.129 m). En diciembre, Mingma Sherpa culminó un otoño con seis cumbres con la primera del Kyungya Ri II (6.506 m). Y días después, Pemba Sherpa, Urken Sherpa y Lhakpa Gyaljen Sherpa completaban la primera ascensión del Luza (5.726 m), un técnicpo pico virgen del Khumbu.

Actividad puntera en Tian Shan, Cáucaso y Pamir

Las montañas de la antigua Unión Soviética han visto varias actividades punteras. En enero, los kirguís Sergey Seliverstov, Mikhail Danichkin y el ruso Alexey Usatykh se convirtieron en los primeros alpinistas capaces de completar el reto del Leopardo de las Nieves invernal, es decir, ascender los cinco sietemiles ex soviéticos en invierno, tras sus últimas ascensiones al Ismail Samani y al Korzhenevskaya, en el Pamir.

En junio, los kazajos Kirill Belotserkovsiy y Grigory Chshukin fueron noticia por su dura apertura en el pico Trud, en el Tian Shan. Y en septiembre, los georgianos Archil Badriashvili y Giorgi Tepnadze todavía fueron más allá con una nueva ruta directa en la cara noroeste del Ushba, la montaña más icónica y difícil del Cáucaso.

Rocosas Canadienses y Patagonia

En el continente americano, se pudo salvar la temporada de verano patagónico, que se desarrolló antes de decretarse la pandemia. Allí, Fabian Buhl sorprendió con un vuelo en parapente desde la cima del Cerro Torre, el primero de la historia realizado tras haber subido escalando. Otras actividades patagónicas interesantes fueron la primera de la cara este del Cerro Cachet de Stephan Siegrist, Lukas Hinterberger y Nicolas Hojac; la apertura de Marc-André vision en la Torre Egger por parte de Brette Harrington, Quentin Roberts y Horacio Gratton; las dos nuevas rutas de Sean Villanueva y Nico Favresse y de Matteo Della Bordella, Matteo Bernasconi y Matteo Pasquetto en la Aguja Standhardt; y la de Luka Krajnc y Luka Lindic en la Aguja Saint Exupery.

En el lejano norte, en las Rocosas Candienses, Alik Berg y Quentin Roberts resolvieron por fin el desafío pendiente de la cara este del Mt. Forbes, al tiempo que Uisdean Hawthorn y Ethan Berman trazaban una nueva ruta en la icónica Emperor Face del Mt. Robson.

Confinados en los Alpes

Los alpinistas europeos se han visto obligados este año a revisitar los Alpes como escenario de sus aventuras más destacadas. Probablemente, una de las más técnicas y duras fue la apertura de Egidius (1.300 m, WI6+, M7+) en el Gross Ruchen, a cargo de Dani Arnold y Roger Schaeli. El Piz Badile, el Sagwand, las Grandes Jorasses o las agujas de Peuterey fueron también escenarios de interesantes ascensiones internacionales este año.

Los españoles no se quedan atrás

En lo que a los alpinistas españoles se refiere, Martín Elías, Marc Toralles y Bru Busom hicieron cordada para abrir una nueva ruta en el Grand Charmoz en enero. En los DolomitasSanti Padrós abría Madre Tierra (730 m, M6+/AI5+) mientras Álvaro Lafuente hacía lo propio con Apus (840 m, M6+, AI5, V). Y en el Tirol austríacoDavid López Sáenz y Luis Penín se anotaban la repetición de la durísima Stirb langsam.

Todo ello en invierno. Ya en verano, Javi Guzmán y Mikel Zabalza sacaron el mejor partido de la relajación de las restricciones para escalar en libre Divina Providencia en el Mont Blanc, mientras Bru Busom y Rubén Sanmartín se anotaban la Super Integral de Peuterey en tres días.

Para terminar esta relación, una breve ojeada a los Pirineos, donde Mikel Zabalza, Iker Madoz y Alberto Fernández firmaron Júlia (700 m, ED) en el Tozal de Ripera en invierno; y Jonatan García no paró de subir al Aneto una y otra vez, abriendo varias rutas nuevas.

Fuente: Revista Desnivel.com

Catherine Destivelle recibirá el Piolet de Oro 2020 por su carrera alpinística

Catherine Destivelle recibirá el Piolet de Oro 2020 por su carrera alpinística

Catherine Destivelle recibirá el Piolet de Oro por su trayectoría alpinística. Será la primera mujer que reciba este galardón, el más importante del mundo del alpinismo, que antes que ella han recibido once alpinistas. Un premio que Walter Bonatti fue el primero en recibir, seguido por Reinhold Messner.

El Piolet de Oro a la carrera alpinística premia la vida de los grandes personajes de nuestro deporte. El primero en recibirlo fue Walter Bonatti (2009), luego lo recibirían Reinhold Messner (2010), Doug Scott (2011), Robert Paragot (2012), Kurt Diemberger (2013), John Roskelley (2014), Chris Bonington (2015), Voytek Kurtyka (2016), Jeff Lowe (2017), Andrej Stremfelj (2018) y Krzysztof Wielick(2019). Catherine Destivelle es la primera mujer que recibe este galardón.

En el texto que publicamos a continuación, el alpinista y escritor francés Claude Gardien repasa la trayectoria de esta gran mujer, que ha vivido intensamente el alpinismo y la escalada, siguiendo un estilo muy personal. Además de afrontar grandes retos ha compartido sus experiencias a través de películas, libros y fotografías, que han servido de motivación e inspiración a generaciones de alpinistas y escaladores.

Catherine Destivelle: alpinista, escaladora, editora, escritora, protagonista de películas y fotografías de montaña y escalada.

Catherine Destivelle comenzó a hacerse un nombre en el mundo de la escalada durante la década de 1980, un momento en que la escalada deportiva estaba explotando en popularidad y la dificultad que realizaban los escaladores aumentaban rápidamente. Los medios centraron su atención en Catherine dentro de esta nueva disciplina, ignorando el hecho de que había sido alpinista desde muy joven.

Poco después de descubrir la escalada en Fontainebleau, a la edad de 12 años, estaba abordando grandes rutas en el macizo del Mont Blanc. Sin embargo, a mediados de la década de los ochenta, comenzó a participar en competiciones de escalada deportiva y su éxito en estas, y el hecho de que fuera la primera mujer en encadenar 8a, la convirtió en una estrella de la escalada en roca. Pocas personas sabían que cuando era adolescente había escalado algunas de las rutas más grandes de los Alpes.

En 1990, la estrella de la roca regresó a la montaña con una impresionante escalada en solitario del Pilar Bonatti en el Petit Dru. Esta ascensión hizo que se la reconociera como alpinista. Luego abrió una nueva ruta en la cara oeste del Petit Dru que le llevaría 11 días, antes de completar su trilogía de invierno en solitario: la cara norte del Eiger en 1992, el Espolón Walker en la cara norte de las Grandes Jorasses en 1993, y la Bonatti en la norte del Cervino (Matterhorn) en 1994. Esta última ruta todavía rara vez se escala hoy. Era su segunda gran ruta Bonatti y la primera vez que una mujer había escalado a un nivel tan alto en los Alpes.

Sin embargo, Catherine no solo quiere ser reconocida como una gran escaladora y alpinista, desea que al valorar sus actividades se haga independientemente del hecho de ser mujer. ¿Cuántas personas pueden afirmar que tienen esta filosofía? Catherine mostró que las mujeres podían escalar tan fuerte como los hombres.

Catherine también se lanzó al mundo del alpinismo técnico a gran altitud. En el Himalaya y Karakorum, hizo la segunda ascensión en libre de la ruta eslovena en la Torre Trango, escaló la cara suroeste a la cumbre del Shisha Pangma, e intentó la cara sur de Annapurna, el pilar oeste del Makalu y la arista norte de Latok I. También dos primeras ascensiones en la Antártida (Sentinel Range). Y escaló en Estados Unidos y en las torres rocosas del desierto de Malí y el Sinaí.

Catherine inevitablemente atrajo la atención de los fotógrafos de montaña y los cineastas. En 2007, protagonizó «Au-delà des cimes» dirigida por Rémy Tézier, una película que muestra la belleza del alpinismo. En ella escala Voyage selon Gulliver, una difícil ruta de roca en el Grand Capucin. Sin embargo, el objetivo principal de la película es mostrar la belleza del movimiento, el placer de compartir la cima del Grépon con su hermana y el ascenso del Aiguille Verte con sus amigos.

El título de la película se traduce como «más allá de las cumbres» y expresa la idea de que el valor del alpinismo va más allá de la dificultad de una ascensión. La inmersión en el paisaje de montaña y el vínculo de amistad entre los compañeros de escalada proporcionan recuerdos que duran mucho más que escalar una ruta muy difícil o realizarla en un tiempo rápido.

Después de escribir una encantadora autobiografía (Ascensiones), no fue una sorpresa cuando Catherine creó su propia editorial, Les Éditions du Mont Blanc. En ella, publica textos sobresalientes de escritores poco conocidos, y rápidamente se ha ganado una reputación por su buen juicio editorial y la calidad de sus ediciones. Al igual que con la escalada, ha dejado su huella en el mundo editorial. Su credo siempre ha sido seguir avanzando, sin preocuparse por su condición de alpinista o editora.

Fuente: Revista Desnivel

Alpinismo de consumo

Alpinismo de consumo

La masificación de la montaña se está convirtiendo en un problema de dimensiones desconocidas en los últimos años.

A las siete y cincuenta de la mañana había una treintena de alpinistas frente de las puertas del teleférico. Nos mirábamos de reojo saludando amablemente los rostros conocidos y maldiciendo entre dientes, pues cada cordada tenía el aspecto de ir a la misma ruta. La masificación de la montaña se está convirtiendo en un problema de dimensiones desconocidas en los últimos años. Desde los extremos de la ruta normal del Mont Blanc y los intentos de regulación por parte de las autoridades hasta las colas de cincuenta personas que se llegan a producir en rutas cercanas a los remontes mecánicos como la arista de Cósmicos en la Aguja de Midi, la muchedumbre marcha hacia las cumbres.

Íbamos a escalar una ruta llamada Más allá del bien y del mal ascendida por primera vez en 1992 por dos alpinistas que imaginaron el futuro de la escalada alpina: el artista británico afincado en Chamonix, Andy Parkin, y el americano Mark Twight. Su ascensión vaticinó lo que iba a ocurrir veinte años después: la imposición del mixto como una disciplina dentro del repertorio alpino, la normalización de la escalada sobre roca con crampones y piolets y la escasez de hielo debido al cambio climático.

«Más allá del bien y del mal» fue una obra publicada por el filósofo Friedrich Nietszche en la que describe el mundo como una ilusión en la que los hombres viven prisioneros de códigos morales que determinan su comportamiento y que nada tienen que ver con la realidad de cada ser humano. Nietszche, que ya había acabado con Dios, acaba en este libro con la universalidad de la moral e introduce una moral individual y personalista que de alguna manera ha marcado el destino de la modernidad.

«Sin darnos cuenta hemos pasado de ser alpinistas a ser consumidores.»

Parkin, el promotor de la ruta, expresó una conciencia propia y novedosa de las reglas del juego alpino. Escalar los efímeros trazos de hielo que se pegaban en los muros verticales de las paredes del macizo del Mont Blanc se había convertido en una cuestión estacional donde la técnica era superada por el oportunismo y la creatividad. No en vano Andy Parkin era ya un pintor y escultor de gran talento cuando imaginó estas ascensiones. Más allá del bien y del mal se convirtió rápidamente en la escalada de dificultad de referencia, dotada de una aureola mítica que devolvió un poco de poesía al alpinismo mecanicista desarrollado en los años ochenta.

Yo había realizado una de las primeras ascensiones de esta vía en 1997 con mi mentor Jose Luis Zuluaga “Zulu”, uno de los primeros guías de montaña españoles en asentarse en Chamonix. Yo tenía veintidós años y había llegado con la intención de completar mi currículum para ser guía de montaña y desarrollarme en el terreno glaciar. Zulu era un alpinista experimentado, entrado en la cuarentena, y entendió rápidamente que había que dirigir mi entusiasmo y calmar mi obsesión. Juntos escalamos durante ese invierno algunas rutas señeras de esa nueva manera de entender el alpinismo, buscando las dificultades técnicas y el placer estético y no necesariamente alcanzando la cumbre. Durante los años ochenta el deporte suplantó a la épica y en los noventa fue la estética la que desplazó a las ascensiones en cadena.

Al salir del teleférico los primeros rayos de sol iluminaban la cumbre de la Aguja de Midi. La traza, que desde la estación intermedia arran-
caba hacia la Aguja de Les Pèlerins, estaba tan claramente marcada en la nieve que parecía una carretera. La proliferación de medios de comunicación donde compartir las condiciones de las rutas es uno de los factores principales de la masificación. Cuando una ruta es escalada en buenas condiciones y su ascensión se publica en las redes sociales o en un grupo de Whatsapp la multitud está asegurada. Una cordada se preparaba al inicio del carril y otra avanzaba rápidamente deslizando sus esquís sobre la superficie helada. Ayer, le recordé a mi compañero, hubo cinco cordadas. Ponte el dorsal y confiemos en que esos tipos escalen tan rápido como esquían, le dije bromeando. El hielo es efímero, un signo de pretéritos tiempos glaciares. El hielo es tan residual que se ha convertido en un objeto de consumo, como el oro o el petróleo. Sin darnos cuenta hemos pasado de ser alpinistas a ser consumidores. Lo atestiguan las colas en la base de las vías como en el lanzamiento de un nuevo modelo de I-phone.

Fuente: Revista Oxígeno (escucha el Podcast con la entrevista a Alpinista Lina Quesada)

Idiomas »