por FIMT | Mar 29, 2021 | Alpinismo, Escalada
Un estudio de Rodolphe Popier revela incongruencias y falta de pruebas en el relato que hizo el alpinista de sus ascensiones en solitario al Shisha Pangma y al Annapurna

Ueli Steck perdió la vida en 2017 de forma tan inexplicable como traumática: la caída en el Nuptse del mejor alpinista del siglo XXI dejó huérfana una disciplina que con él había dado saltos de gigante hacia un futuro apenas imaginado. Steck, La Máquina Suiza, demostró que la excelencia técnica conjugada con el entrenamiento aeróbico sistemático podían llevar el alpinismo a cimas impensadas. También demostró una humanidad excepcional al jugarse la vida para que el navarro Iñaki Ochoa de Olza no muriese solo en una tienda a 7.400 metros en la arista este del Annapurna (8.091 m). Y como si ese gesto mereciese algo más que las medallas que rehusó, el Annapurna le regaló la oportunidad de firmar la ascensión más extraordinaria que se recuerda desde que en 1990 Tomo Cesen declaró haber escalado en solitario la cara sur del Lhotse (8.516 m).
En 2013, Steck terminó la ruta empezada en 1992 por los franceses Pierre Béghin y Jean Christophe Lafaille en la cara sur del Annapurna: lo hizo en solitario, en estilo alpino y en un tiempo estratosférico de 28 horas. Apenas dos semanas después, dos de los mejores alpinistas franceses de la historia repitieron el trazado del suizo invirtiendo ¡9 días! Stéphane Benoist lideró la ascensión y su amigo Yannick Graziani los devolvió a ambos a la vida conduciendo el terrible descenso. Hoy, el primero duda que Ueli Steck dijese la verdad cuando aseguró haber alcanzado la cima. Graziani está convencido de que mintió.
Otro francés, Rodolphe Popier, presentó en 2017 un estudio riguroso que recoge los hechos de los días 8 y 9 de octubre de 2013 en el Annapurna. Popier no es un recién llegado en el análisis de datos relacionados con las ascensiones en el Himalaya. A la muerte de Miss Hawley, conocida como la notaria del Himalaya, la dama que interrogaba a todo aquel que aseguraba haber ascendido un pico buscando incongruencias y faltas de pruebas antes de validar las supuestas ascensiones, Popier y dos colegas recogieron el desafío de completar el Himalayan Database, un almanaque de estadísticas de la cordillera. Entre 2015 y 2017, apoyándose en el testimonio del propio Steck, de sus compañeros de expedición, de las imágenes tomadas desde el campo base, de imágenes vía satélite y de un recopilatorio histórico de velocidades de ascenso en el Himalaya, Popier elaboró un informe que arroja serias dudas sobre la veracidad de la palabra de Steck.
Durante décadas, la palabra de alguien que afirmase haber pisado tal o cual cima en solitario bastaba para creerle. Si aportaba pruebas fotográficas o abandonaba algo en la cima que otros encontrasen después, el asunto quedaba zanjado. En caso contrario, la palabra dada se consideraba suficiente. Hoy uno puede llamar por teléfono desde la cima de un ochomil, sacar fotos con el móvil, demostrar que ha alcanzado el punto más alto gracias al GPS, al reloj… La palabra de honor ha de respetarse, pero no hace falta recurrir a ella cuando resulta tan sencillo demostrar los hechos.
Ueli Steck nunca aportó imágenes de su ascensión: aseguró que una colada de nieve fresca le arrancó la cámara de las manos. Patrocinado por una marca de relojes GPS, nunca mostró rastro alguno o el waypoint (punto de paso) de la cima. Nunca explicó el silencio de la tecnología que empleaba.
El 8 de octubre de 2013 a las cinco de la tarde, Steck se refugió en una grieta a 6.900 metros, 100 metros por debajo del muro de 500 metros de desnivel que constituye el tramo clave de la ruta hacia la cima del Annapurna. Desde el campo base se le vio y fotografió cuando accedía a la grieta. Solo se le volvió a ver temprano al día siguiente mientras descendía del mismo vivac, pero al alcanzar el campo base Steck afirmó que había escalado de noche hasta la cima, lo que implicaba un alucinante viaje de apenas 28 horas para una de las paredes más temidas, difíciles y comprometidas del Himalaya. Varios integrantes del campo base permanecieron fuera de sus tiendas por la noche tratando de ver la luz frontal del suizo, pero nadie vio luz alguna. Dos sherpas aseguran haber visto una luz justo bajo la cima, que en realidad no se ve desde el campo base: en la cultura de Nepal, mentir por alguien con el que se está en deuda no es un descrédito. Benoist y Graziani vieron el vivac de Steck, pero ninguna traza suya por encima. Tampoco desde el campo base se apreciaron huellas en la nieve por encima del muro clave de la ruta.
Para explicar la facilidad con la que escaló los 500 metros del tramo clave, el suizo dijo haber encontrado “condiciones excepcionales”, con una capa de hielo cubriendo el muro que le permitió avanzar con celeridad. Pero las fotos lo desmienten, y el hecho de que apenas 15 días después la pareja francesa tardase dos días y medio en superar la dificultad demuestran que el terreno por el que se movió de noche Steck era mixto y muy técnico. Pese a ello, Steck aseguró haber invertido 6 horas y 45 minutos desde su vivac hasta la cima y apenas tres horas de regreso desde el punto más alto hasta los 6.900 metros, rapelando los 500 metros del muro vertical. Benoist y Graziani tardaron dos días en rapelar esa sección abandonando prácticamente todo su material. Steck no abandonó nada aduciendo que el hielo era tan bueno que pudo rapelar desde puentes de hielo (conocidos como abalakovs). Popier descubrió que Steck refirió a tres personas números distintos de abalakovs: 4, 8, 10.
Preguntado sobre cómo supo que había alcanzado la cima, el suizo refirió hasta cuatro versiones diferentes: gracias a su reloj GPS; cuando alcanzó la arista; al alcanzar la segunda de las tres cornisas principales de la arista; y hasta un trazado en una foto que no mostraba la cima, sino una antecima al este. Pero lo más intrigante es que el suizo fue capaz de escalar más rápido por encima de los 7.000 metros que por debajo de esa altitud. ¿Cuál es la versión buena?
Popier demostró gran valentía cuando presentó su trabajo a los responsables de los Piolets de Oro, el máximo galardón del mundo del alpinismo. “Mi intención no es atacar a Steck ni a nadie, sino señalar una evidencia: hablando de alpinistas profesionales no es normal que no se les exija, o que ellos no se exijan, pruebas irrefutables de sus logros, y es algo que no parece preocupar ni a los propios actores ni a las instituciones”, relata. Plantea para el conjunto del alpinismo profesional algo similar a lo que Miss Hawley logró en los ochomiles: que no hubiese mentirosos como los dos indios que demostraron hace bien poco su cima en el Everest colocándose en ella con Photoshop.
Lo cierto es que Popier albergaba dudas acerca de Steck desde 2013, cuando encontró una foto de Steck en la cara sur del Shisha Pangma, a 7.300 metros, tomada durante su fantástico ascenso de 2011, cuando el suizo escaló la pared en diez horas y media. Popier estudiaba entonces la velocidad en el Himalaya de los mejores alpinistas, cuando las cifras de Steck empezaron a chirriarle. Desde la base de la pared hasta los 7.300 metros, avanzó por pendientes de nieve fáciles para él a una media de 147 metros/hora. Desde ese lugar, Steck aseguró haber alcanzado la cima 2 horas y 25 minutos después y esto después de superar 300 metros de terreno “exigente con una sección de roca desplomada para alcanzar la arista” y recorrer una arista de 1,57 kilómetros de longitud con “nieve a ratos por el tobillo, la rodilla e incluso las caderas”. Esto significa que tuvo que progresar a entre 300 y 350 metros verticales a la hora, en terreno técnico que desconocía, sin huella abierta a casi 8.000 metros: doblando la velocidad de la parte sencilla de la montaña ante testigos que le siguieron desde el campo base.
Además, Steck tampoco aportó fotografías (dijo que su cámara se congeló) ni datos de su reloj, ni de su GPS, ni descripción de la arista que discurre desde el final de su ruta hasta la cima. ¿Por qué?, se pregunta Popier. En 2015, mantuvo una entrevista con Steck en Katmandú: cuando le preguntó cómo era posible su aceleración en la parte alta del Shisha Pangma, el suizo montó en cólera. En los siguientes intercambios por correo electrónico, Steck nunca aclaró los puntos oscuros de su ascensión. “Hasta 2015, recuerdo que a aquellos que dudaban de los logros de Ueli Steck les respondía que un alpinista de talla mundial no tenía ninguna razón para mentir”, ironiza Popier. Nadie puede asegurar que el suizo mintió. Pero si lo hizo, saber qué razones se concedió para el engaño arrojaría luz sobre los vericuetos de la mente humana.
Fuente: elpais.com
por FIMT | Mar 28, 2021 | Senderismo, Senderos
La proliferación de ciclistas y moteros en las veredas rurales dispara las quejas ante Medio Ambiente | Está prohibido transitar por los espacios naturales protegidos

Circular en bicicleta o en moto está prohibido en un 90% de la red de senderos de Gran Canaria, aún más si se encuentran en espacios naturales protegidos, pero son centenares los ciclistas y motoristas que recorren esos caminos cada fin de semana e incluso realizan carreras ante el asombro de los caminantes, a lo que apenas les da tiempo de apartarse para no ser arrollados. Lo hacen a cualquier hora del día y no se esconden. Es más, exhiben sus peripecias en las redes sociales porque una infracción, si no se difunde, no tiene valor.
Las denuncias de los senderistas por estas prácticas son antiguas, pero se han incrementado en los últimos años por la fiebre de salir a caminar por las rutas que se han puesto de moda, según reconocen la consejera de Medio Ambiente del Cabildo, Inés Jiménez, y el director general de ese departamento, Manuel Amador, quienes recuerdan que los senderos de la isla son para los caminantes, al igual que las aceras de las ciudades son para los peatones.
Aunque previsiblemente muchos de los practicantes de esos deportes no son conscientes de los daños que pueden provocar, los perjuicios a la naturaleza son cuantiosos, asegura Amador. “Evidentemente, el primer problema que ocasionan es que molestan a las personas que van a pie, a veces en tramos muy estrechos o al borde de un precipicio, pero también deterioran los caminos al levantar las piedras, destruyen plantas al derrapar y asustan a la fauna con los ruidos del motor”, apunta el director insular de Medio Ambiente.
Normativas
Juan Manuel Rodríguez, veterano senderista y presidente del Club Deportivo Confite, es testigo casi a diario de las infracciones en la red de caminos de la Isla y asegura que hasta fue agredido en una ocasión por llamar la atención a unos motoristas que se estaban saltando “todas las normativas medioambientales” y las “mínimas reglas del sentido común”.
Confite organiza rutas guiadas por senderos de toda la isla y constata que los ciclistas y motoristas incumplen las normativas en la práctica totalidad de los 33 espacios naturales protegidos de Gran Canaria, incluidos algunos territorios tan frágiles como el borde de la Caldera de Bandama o las montañas de La Isleta y Las Coloradas.
La convivencia entre los caminantes y los aficionados a la bicicleta de montaña o el moto-cross se ha complicado en el último año porque salir al campo ha sido, para unos y otros, una válvula de escape ante las restricciones de la pandemia de coronavirus.
Lugares como el Barranco de Los Cernícalos, Azuaje, la Charca de las Palomas o el Charco Azul del Risco de Agaete se han puesto de moda y cada sábado y domingo se llenan de visitantes.
La consejera Inés Jiménez comenta que las quejas por malos comportamientos en esos parajes naturales son de todo tipo, desde dejar allí la basura a dañar a los árboles y las rocas con pintura, pero de las más frecuentes son precisamente por el deterioro que causan los ciclistas y motoristas en los caminos reales.
El presidente de Confite añade que “da igual que el sendero esté cerca de las ciudades o en lugares tan alejados como el Pinar de Inagua o Tasartico”, pues a su juicio “hay poca información sobre la normativa y prácticamente nadie vigilando y sancionando a los infractores”.
Los responsables del Medio Ambiente del Cabildo reconocen que hay pocos agentes para controlar tanto territorio y, además de imponer el buen uso de los senderos en espacios protegidos, tienen encomendadas otras muchas misiones, como la vigilancia de los incendios forestales o la gestión de las numerosas áreas recreativas del Cabildo.
Para poder imponer sanciones hay que localizar e identificar in fraganti a esas personas, lo que no es sencillo en el caso de las motos porque los pilotos van con casco y huyen al verse observados. “Yo acostumbro a caminar con un sombrero verde oscuro y al verme de lejos se dan la vuelta porque deben pensar que soy un agente del Seprona”, comenta Rodríguez.
Si en el caso del motocross está meridianamente asumido por la población que solo se puede circular por pistas de tierra, nunca por la red de senderos ni campo a través, hay más desinformación sobre la normativa referente a las bicicletas de montaña, de ahí que los ciclistas se mezclen con los senderistas sin ningún temor a ser multados e incluso organicen excursiones conjuntas.
Desniveles
Por ejemplo, en las cuerdas colocadas en el barranco de Azuaje para que los caminantes se ayuden a la hora de superar los grandes desniveles del terreno, también se han visto personas con la bicicleta al hombro para completar el itinerario.
Además del desconocimiento, sostiene Amador, está “la mala fe” de algunos de los practicantes, que destrozan las señales de prohibido colocadas en los caminos o las cambian de sitio, cuando no las tiran barranco abajo para que no se puedan recuperar.
El director de Medio Ambiente explica que no todos los caminos de los espacios protegidos están prohíbidos, pero sí alrededor del 90% por estar destinados únicamente al senderismo. “Son las veredas que hasta no hace muchas décadas utilizaba la gente del campo para ir de un pueblo a otro; por tanto, se han recuperado y señalizado para que caminen las personas, no son pistas de carreras”, puntualiza Manuel Amador, quien recuerda que hay pistas autorizadas y acondicionadas expresamente para bicicletas, como la del barranco del Guiniguada, muy transitada porque la anchura de la pista de tierra ofrece comodidad a senderistas y ciclistas.
Lo contrario ocurre en los estrechos caminos de la cumbre, donde se ha comprobado que algunas especies de aves sufren daños provocados por las motos. “Si tienen los nidos cerca de uno de esos senderos y oyen el ruido de una moto, huyen durante un tiempo y vuelven, pero sí ese ruido se repite cada cierto tiempo, las aves se estresan y buscan otro lugar más seguro, abandonando los huevos e incluso a las crías”, resalta.
Las derrapadas de motos y bicicletas en las curvas de un sendero también suponen un perjuicio para la flora, pues pueden lanzar piedras o tierra contra plantas recién plantadas en las orillas o arrancarlas directamente.
Estos daños a los caminantes y al medio ambiente son grabados por los practicantes, se intuye que de forma inocente y con desconocimiento de las normas, y luego se muestran en las redes sociales. En uno de ellos, de los cientos que se pueden encontrar en internet, un grupo de ciclistas explica a cara descubierta la ruta que va a realizar, desde las cercanías del Pico de las Nieves hasta La Lechucilla de San Mateo, y luego se lanza a toda velocidad por ese camino real con la cámara de vídeo acoplada al caso. Cuando se encuentran con excursionistas de frente, son estos últimos los que tienen que apartarse del camino para no ser arrollados por la hilera de ciclistas, que no hacen ningún gesto de parar.
“Algunos de esos vídeos dan escalofríos, por ellos y por nosotros, porque un resbalón en una ladera o junto a un precipicio puede acabar en una desgracia”, alerta el presidente de Confite, que reclama más vigilancia y unos reglamentos que permitan denunciar y sancionar a los infractores.
Información
Una de las alternativas que se plantean, y que ya existen en otras islas, es crear rutas o circuitos para este tipo de actividades al aire libre. Según Rodríguez, de sus encontronazos en los caminos, son los propios ciclistas los que proponen esa fórmula, que se les aclare por qué sitios pueden transitar. Ya existe una pista de esas características en Ayagaures, preparada por el Cabildo, pero es poco utilizada.
Inés Jiménez y Manuel Amador coinciden en que las personas que piden información son después muy respetuosas con las indicaciones, por eso desde el Cabildo se está trabajando en la publicación de una guía con los itinerarios que se pueden realizar en la isla y las normas que rigen en cada una de ellas. Mientras tanto, Amador insiste a la ciudadanía en el ejemplo de que los senderos rurales son como los aceras de las ciudades, “y a nadie se le ocurre correr en moto por la acera de su calle”.
Fuente: laprovincia.es
por FIMT | Mar 23, 2021 | Escalada, Noticias
Continuamos reequipando en diferentes zonas con el material sobrante del Proyecto Escala Tenerife Segura de la Federación Insular Tinerfeña de Montañismo a través de su Vocalía de Escalada.
Zona: LA MESA DE TEJINA
Sector: “Los Eucaliptos”
Equipador: RAUL MARTÍNEZ IGLESIAS
VÍAS:
Enumeradas en croquis de la 1 a la 14 con su graduación, poniendo la dificultad que objetivamente podría oscilar en algunos casos 1 grado superior y en otras, inferior.
Hay rutas que se han reequipado enteras y otras sólo la reunión y los anclajes que peor estaban.
por FIMT | Mar 6, 2021 | Montaña
La obra repasa la trayectoria de los hermanos Iñurrategi en el Himalaya mientras explica las dificultades y necesidades de los habitantes de sus valles

Un padre que anima a sus hijos a que abandonen el trabajo en la fundición, que les recuerda que siempre estarán a tiempo de regresar al túnel de la vida, que estima que los sueños se persiguen desde la juventud. Ese fue el padre de Alberto y Félix Iñurrategi, dos que obedecieron y solo se les ocurrió soñar a lo grande: ¿Por qué no escalar las montañas más elevadas del planeta? A sus 23 años, Alberto fue la persona más joven en escalar el Everest sin emplear oxígeno embotellado. Fue en 1992, el segundo ochomil para los hermanos. En el descenso de la 12ª montaña de más de ocho mil metros que ambos escalaron, siempre juntos, la cuerda por la que descendía Félix se desancló. Alberto ni siquiera quiso recuperar el cuerpo: no deseaba arriesgar la vida de otros.
Un cómic editado por Sua Edizioak (Hermanos Iñurrategi. Un latido en la montaña) recoge ahora su trayectoria y el trabajo tiene el enorme mérito de explicar de forma tan acertada como sencilla qué es amar el montañismo, el alpinismo, el himalayismo o como quiera que llamemos al ejercicio de acudir una y otra vez al encuentro de las cimas. El texto corre a cargo de Ramón Olasagasti y las viñetas son cosa de César Llaguno, como si se tratase de una cordada en la que el uno no va a ninguna parte sin el otro.
El mundo de la montaña, un deporte que no quiere serlo, una actividad que rebosa matices, que dispone de su propia ética, de códigos que pueden ser una religión o ser obviados, puede resultar incomprensible para los analistas de salón. Pero basta con fijarse en la ilustración de la portada de esta obra para empezar a comprender: Félix, el hermano mayor, en cabeza, Alberto en segundo plano, cada cual mirando hacia un punto diferente pero unidos por una misma cuerda. No están escalando, no es un dibujo de acción: están quietos, calibrando lo que les queda para alcanzar el punto desde el que regresar, buscando ese precioso oxígeno que en altura se hace tan raro, preguntándose por separado si tendrán fuerzas individuales para seguir o si seguirán solo por el impulso de ser dos, y si sabrán refrenar ese impulso de pareja cuando empuje la ambición. La ilustración es lo que fueron, dos hermanos empeñados en recorrer los 14 ochomiles, sin ruido, ni estridencias, humanos, reflexivos pero decididos.
La fundación
El cómic se desarrolla en dos vertientes que se entrecruzan. Arranca con la trayectoria lineal en el Himalaya de los Iñurrategi pero introduce enseguida un diálogo ficticio entre Alberto y Shazia, una habitante de las montañas del Karakoram, con el que se explican no solo los contrastes sociales o económicos entre ambos mundos sino el trabajo llevado a cabo por la fundación creada en el País Vasco a instancias de Alberto y a favor del Valle de Hushé (Baltistan, Pakistán). Dicha fundación ha logrado crear una escuela de escalada y rescate para formar a los porteadores y guías de altura locales, un sistema de regadío en Machulo, diez escuelas en todo el valle que garantizan el acceso antes vetado de las niñas a la educación, la formación del profesorado, las mejoras en cultivo, recolección, secado y comercialización del albaricoque, así como campañas de alfabetización de las mujeres adultas, y un largo etcétera que debe culminar en una entrega del testigo para que sean los propios habitantes del valle los que generen proyectos que garanticen un desarrollo humano sostenible en el valle.
La fundación es la manera que Alberto y sus socios idearon para devolver al pueblo donde se quedó Félix todo lo ofrecido: ayuda, amistad, trabajo y unas montañas de una belleza incomparable. Sin Félix, Alberto acertó a encontrar nuevos compañeros a los que encordarse para terminar la lista de los 14 ochomiles y para dar continuidad a su vida de himalayista. Mientras escalaron juntos, ambos hermanos siempre defendieron una máxima que explica el título del cómic (Hermanos Iñurrategi. Un latido en la montaña) y su filosofía de cordada: uno no llega a uno. Dos, son dos y medio. El texto no explica (y sería interesante saberlo) cómo se las apañó Alberto para llegar a ser uno.
Fuente: elpais.com
por FIMT | Mar 4, 2021 | Noticias Grupo Montañero de Tenerife, Últimas noticias

Apenas hace una hora que mi amigo Juan desde la Palma me comunicó el fallecimiento de Carlos Bravo Suárez, un neurisma cerebral pudo con sus fuerzas, a pesar que la operación que realizaron fue calificada de éxito, por lo que manteníamos la esperanza de que superara el estado de coma y que poco a poco se recuperara.
Carlos fue un entusiasta senderista y su etapa de presidente del Grupo Montañero de Tenerife entre 2010 y 2015, hay que calificarla de magnífica, recuperó deportivamente al club, por sus gestiones antes de su presidencia se consiguió el local que hoy disfrutamos, dirigió la celebración del 50 aniversario del GMT con un éxito total, como estrella del programa se realizó el Día Nacional del Senderista con unos 300 participantes de la península, islas y extranjero, se produjo el hermanamiento con el Club Alpino Italiano sección de Pisa, apoyó con entusiasmo la restauración de la Travesía Cesáreo Tejedor y luchó por nuestros derechos en la defensa del refugio Efmundo Herrero, organizó durante más de quince años viajes a su Isla de La Palma y también a Gran Canaria y Madeira, le hacía ilusión organizar uno a Azores, trabajé con el codo a codo durante sus primeros cuatro años de presidente y viví sus desvelos por el club.
Muchas veces con él disfrutamos del Pajero de Mundo, con José Antonio y amigos de La Palma, Manuel, Juan y tantos otros.
Estuve con el sólo hace dos semanas en La Laguna, hablamos de sus próximos proyectos y de sus salidas a la montaña los Jueves.
Se ha ido un gran presidente un buen amigo y una bellísima persona.
A Rosa su esposa a su hijo Romen y a toda su familia y amigos, mi más sentido pésame.