por FIMT | Oct 9, 2021 | Escalada, Montaña
La escaladora italiana firma el primer femenino 9b/+ de la historia y tiene a tiro la posibilidad de igualar el mejor registro masculino

Fue la imagen de la impotencia y de la desolación en la prueba femenina de escalada de los recientes Juegos de Tokio. Incapaz de contener el llanto, los ojos fuera de sus órbitas en un rostro enjuto miraban el cronómetro implorando tiempo para resolver los problemas que se le resistían. La italiana Laura Rogora nunca estuvo cerca de las medallas, pero todo lo que le negó la estructura de resina (donde se dan las competiciones de escalada) lo ha encontrado en su medio predilecto: la roca. El pasado fin de semana firmó la máxima dificultad jamás alcanzada por una mujer, gesta que le coloca entre la élite mundial masculina. Se pueden contar con los dedos de una mano los hombres que han escalado una vía tan difícil como la italiana Erebor, la ruta situada en la escuela transalpina de Arco: 9 b/+, es decir más duro que 9 b, pero no tanto como para ser 9 b+ (en la escalada la dificultad de una vía se dictamina según números en sentido creciente hasta el 9 y con letras entre la a y la c y los símbolos de + y -). Cabe recordar que solo existe un hombre, el checo Adam Ondra, que asegura haber firmado un 9 c, pero al ser el único serán los futuros repetidores de esa vía los que le den o quiten la razón, ante la falta de jueces o árbitros en esta disciplina.
También el pasado fin de semana se ha celebrado la primera Paris Roubaix femenina, prueba en la que los hombres compiten desde 1896: aquí al menos, la igualdad en el mundo de la escalada parece haber llegado mucho antes. La escalada deportiva despegó en los años 80 del pasado siglo y ya desde la primera competición hubo mujeres. Pero en el mundo de la escalada conviven las competiciones en muros artificiales con la búsqueda de la máxima dificultad en roca, y es aquí, en el medio natural, donde ambos sexos pueden medirse y comparar sus resultados. Muchas mujeres son capaces de escalar más duro que la inmensa mayoría de los hombres, y Laura Rogora parece estar llamada a ser la figura que lleve la dificultad en femenino hasta la estratosfera y, quizá, a igualar el mejor registro masculino. Pocos deportes pueden afirmar algo similar.
El sueño de cualquier escalador es la ingravidez, progresar sin esfuerzo y poder llegar a decir que levita. Es una sensación maravillosa a la que se llega optimizando la relación entre el peso corporal y la potencia que puede generar el escalador. En la página web de la federación internacional de escalada viene reflejada la altura de hombres y mujeres pero no su peso. Y es que es posible que el peso de Laura Rogora (mide 1,52 m) escandalizase a muchos aunque éste no se deba, forzosamente, a un trastorno alimenticio. Angela Eiter y Julie Chanourdie también han alcanzado el 9 b de dificultad, como Rogora, pero su morfología, aún siendo ambas delgadas, es musculosa, tendencia que se ha extendido también entre los hombres especialmente ahora que los métodos de entrenamiento se están perfeccionando. Las federaciones luchan por evitar cuadros de anorexia entre sus competidores, sean del sexo que sean, y han llegado a prohibir la competición a aquellos atletas obsesionados con alcanzar la excelencia privándose de comer.
Un gran escalador o escaladora puede ser alto, bajo, delgadísimo, simplemente fibroso o muy musculado y adaptarse en función de su físico a un tipo de vías o a otro para alcanzar registros soberbios: forma parte de la belleza de un deporte que aún no ha llegado a fabricar un modelo único de escalador como lo ha hecho el atletismo con sus velocistas, mediofondistas o maratonianos. Rogora, de 20 años y nacida en Roma, es tan sobresaliente como los hombres más fuertes sin parecerse a ellos, sin su fuerza ni su envergadura.
La última figura de referencia en el mundo de la escalada femenina, la mujer que saltó los listones de lo imposible de dos en dos, fue la guipuzcoana Josune Bereziartu: entre 1998 y 2005 firmó el primer 8 c femenino, el primer 8 c+, el primer 9 a y el primer 9 a/+. Hubo que esperar 12 años para que otra mujer subiese un peldaño en la dificultad. De momento, Laura Rogora ha sido la segunda en alcanzar el 9 b y la primera en subirse al 9 b/+ en apenas un año. Su compatriota Stefano Ghisolfi le ha animado a que intente Bibliographie, el 9 b+ que Alex Megos propuso como 9 c. De aceptar el desafío y salir airosa, cerraría el hueco entre hombres y mujeres… a falta de dilucidar si el 9 c es un grado real o un simple sueño.
Fuente: elpais.com/deportes
por FIMT | Sep 26, 2021 | La Palma, Montaña, Noticias

La Palma, al igual que el resto de islas que componen el archipiélago Canario, ha sido, es y será enclave emblemático para montañeros y montañeras de todo el mundo.
De ahí, que todas las personas que amamos, disfrutamos y tenemos como filosofía de vida el medio natural, con sus laderas, volcanes, ríos, cascadas, montañas y cimas… tengamos desde el domingo 19 de septiembre el corazón encogido y la mente puesta en esa isla bonita, como la llaman tan acertadamente.
Ese día la madre tierra rugió… los temblores previos ya avisaban a científicos y lugareños lo que finalmente ocurrió; la dorsal fisurada, múltiples bocas mostrando ante cientos de cámaras, emisiones caloríficas, lumínicas y fumígenas. Y tras esa demostración de poderío, lo esperado… lava candente descendiendo en busca del mar.
Cumbre Vieja entró en erupción como volcán vivo que es, con fuerza y explosividad. A sus pies…, cientos de familias palmeras impávidas, asombrando al planeta entero por su templanza, fortaleza y valentía.
Ante el dolor, la pérdida y la incertidumbre habéis marcado un sendero ejemplar. Habéis generado un verdadero río de lava magmática de solidaridad, generosidad y unidad.
Almas entrelazadas… por ceniza, humo y roca.
Personas formando cordada…
Fuente: canalfedme.es
por FIMT | Ago 15, 2021 | Alpinismo, Escalada, Montaña
‘Anto’ afronta su primer ochomil
El montañero Antonio Miguel Pérez iniciará el próximo día 30 una expedición en la que intentará ascender sin oxígeno al Manaslu, la octava montaña más alta del planeta

Antonio Miguel Pérez, más conocido como Anto, tiene ya currículum montañero. Este orotavense permaneció durante años fuera del foco mediático y realizando expediciones por su cuenta y sin otro objetivo que disfrutar de ellas. El Muztagh Ata (7.546 metros), en China; el Pico Lenin (7.134), entre Tayikistán y Kirguistán; el Illimani (6.438), en Bolivia, y el Mera Peak (6.479), en Nepal, son las principales cumbres que ha hollado. Hasta ahora. Anto afrontará en quince días su primer ochomil, el Manaslu, en Nepal y de 8.163 metros, la octava montaña más alta del planeta. Será en un reto del modo más autónomo posible (sin oxígeno ni sherpas, los porteadores del Himalaya en los que se apoyan muchas expediciones) y con un trasfondo benéfico.
Los también montañeros Pako Crestas y José María Ponce, catalán y alicantino, respectivamente, acompañarán a Anto Pérez en una aventura que se prolongará entre el 30 de agosto y el 10 de octubre. Sus gastos los ha logrado financiar gracias al apoyo de dos personas que prefieren permanecer en el anonimato. «No buscan ningún beneficio económico ni publicitario; son orotavenses y les hace ilusión que alguien del municipio emprenda un reto de este tipo», explica sobre sus particulares mecenas. La única institución pública que colabora con él es el Ayuntamiento de La Orotava. Esta administración le aportó 1.000 euros que han sido «redirigidos» a un fin de carácter social: confeccionar unas camisetas conmemorativas para venderlas y que el beneficio se destine a la iniciativa que la asociación Pichón Trail Project realiza con enfermos de esclerosis múltiple y sus familiares.
Anto, de 50 años, es un rostro conocido en la Villa por su profesión de cartero, media vida callejeando y tocando en cada puerta. El kilómetro cero de su trayectoria deportiva está, con ocho años, en el Teide. «Mi padre subía porque le gustaba la montaña; lo que pasa es que la gente de aquella época poco tiempo tenía para eso, sino que estaba todo el día trabajando», rememora. «En aquel entonces, él organizó una excursión con la familia y yo subí al Teide por primera vez con ocho años», apunta sobre una jornada de la que guarda un recuerdo «muy bonito». Vinieron después las acampadas con amigos y, más tarde, esos mismos amigos dejando la actividad porque iban cambiando de preferencias vitales. «Poco a poco, los amigos iban teniendo novias y yo me quedé ahí enganchado a la montaña. Al final terminé caminando solo porque la gente se iba yendo para un lado u otro», expresa.
El siguiente paso fue recorrer el Archipiélago y, a continuación, ya en Correos y con un sueldo, empezó a dedicar sus vacaciones anuales a una expedición. «Desde mis primeras vacaciones, todas fueron destinadas a la montaña», precisa. «Empecé a ir a Los Pirineos durante varios años y di después el salto a Los Alpes y estuve haciendo cuatromiles por allí. He ido por escalones, poco a poco. Estuve yendo otros cuatro o cinco años a Sudamérica, a Los Andes, donde están los grandes cincomiles y seismiles. Allí subí seismiles en Bolivia, Chile, Ecuador, Argentina… También fui a África», añade. «Con más confianza y habiendo subido unos cuantos seismiles en Sudamérica, empecé en el Himalaya, que es donde se encuentran las montañas de 7.000 y 8.000 metros. Allí he visitado muchos países: la India, Nepal, Irán, Kirguistán, China…», completa. Por mencionar algunos de sus principales hitos desde el punto de vista deportivo, ascendió al Kala Patthar (5.643 metros), en Nepal; al tanzano Kilimanjaro (5.895), la montaña más alta de África; al Licancabur (5.920), entre Bolivia y Chile; al Acamarachi (6.046), en Chile; al Huayna Potosí (6.088), en Bolivia; al Stok Kangri (6.153), en la India; al Imja Tse (6.189), más conocido como Island Peak, en Nepal; al Sajama (6.542), en Bolivia, y al Llullaillaco (6.739), entre Argentina y Chile. Ahora bien, asegura que los metros no son su principal motivación.
«Mis viajes no son solo la montaña; me gusta meterme en el país. He vivido en Los Andes experiencias muy bonitas, y ya ni te cuento en África… El viaje que hice a Etiopía fue de un enriquecimiento brutal en cuanto a conocer otras culturas», manifiesta. En parte por esa forma de entender el montañismo, y hasta que su amigo José Maza le recomendó que se moviese en las redes sociales (su nombre en ellas es Anto Illimani Mera, en honor de dos de sus principales cumbres), actuó siempre anónimamente.
Una expedición compleja
Esta nueva expedición ha estado marcada por la covid. Anto la tenía prevista para 2020, pero la tuvo que posponer ante las dificultades y los cierres fronterizos. «Los permisos son un poco engorrosos, pero se hacen y ya está; lo peor ha sido la incertidumbre», señala cuando se le pregunta por los preparativos para este largo viaje. «De entrada son dos días de vuelos. La idea es estar en Katmandú dos o tres días para trámites burocráticos, permisos, comprar lo que haga falta… Y después tenemos que hacer un trekking de aproximación a la montaña, que son cinco días caminando por pueblos nepalíes, por el Parque Nacional del Manaslu», relata. Al quinto día, él y sus compañeros llegarán al campo base y, a partir de ahí, serán unos 25 días en la montaña.
Los preparativos los ha realizado, como no podía ser de otra forma, en el Teide. «La intención inicial es subir sin oxígeno y de la forma más autónoma posible», destaca sobre una decisión tomada por motivos económicos pero también porque es como realmente más le gusta la aventura. Es decir, él y sus piolet, los crampones, los mosquetones… y la montaña en estado puro.
Fuente: eldia.es
por FIMT | Jul 28, 2021 | Concursos, Montaña
III Concurso de Fotografía de Montaña de FIMT

por FIMT | Jul 28, 2021 | Descensos de barrancos, Escalada, Montaña, Senderismo, Subvenciones
Bases Subvenciones 2021
Escalada – Barranquismo + Senderismo – Montañismo

por FIMT | Jul 21, 2021 | Montaña, Parque Nacional del Teide, Teide
¿Qué pasa con el Refugio del Teide?

Acabo de regresar de caminar por las montañas asturianas, por algunos de los senderos más espectaculares de España, junto a otros que podemos encontrar en lugares como los Pirineos o la misma Canarias. En Tenerife o en La Palma, sin ir más lejos. Los senderos del Parque Nacional del Teide representan un foco de atracción para las cerca de 300.000 personas federadas en montaña en nuestro país. En todos los espacios de montaña relevantes de España encontramos refugios de montaña. No son hoteles con encanto, son lugares espartanos para recuperar fuerzas, para refugiarte ante las inclemencias meteorológicas, para pasar la noche antes de continuar la marcha, bien hacia la cima, bien hacia el valle. Previenen accidentes, dan seguridad a los miles de hombres y mujeres que se adentran en la naturaleza y cooperan con los grupos de rescate en el pronto auxilio a los accidentados.
Después del confinamiento por el Covid-19, en el verano de 2020, la practica totalidad de estos equipamientos abrieron al publico con las lógicas restricciones para evitar contagios que todos conocemos y, por supuesto, se llenaron. En este año transcurrido no hay brotes detectados en estos equipamientos en la naturaleza, como se puede comprobar con facilidad.
He mencionado la práctica totalidad, exceptuando tristemente Tenerife y el Refugio del Teide, al que habría que añadir el Albergue de Anaga. Los dos dependientes del Cabildo de Tenerife, gestionados por empresas públicas o semipúblicas, a través de encomiendas de gestión. En el caso del Teide, posiblemente sea el refugio de España con mayor porcentaje de ocupación a lo largo de todo el año, es decir, se trata de un equipamiento estratégico y fundamental para garantizar no sólo la seguridad de los montañeros sino también para reducir el impacto ambiental de las miles de personas que recorren el camino de Lomo Tieso, con estación termino a 3.718 metros, el techo de España. A ninguno se nos escapa que la cima del Teide ha sido, es y será un objetivo deseado por millones de deportistas de toda Europa.
Pues bien, la situación a día de hoy, pleno mes de julio, es que el Refugio continúa cerrado a cal y canto, sus trabajadores permanecen en ERTE, en total incertidumbre ante su futuro. Los montañeros deben plantearse la ascensión directa hasta la cumbre, sin posibilidad de una parada intermedia a 3.270 metros, como han hecho decenas de miles de senderistas y montañeros desde que el astrónomo Piazzi Smyth junto unos primitivos muros de piedra en 1856. A lo largo de toda su historia miles de personas han sido auxiliadas y rescatadas por los guardas del Refugio y por los equipos de rescate de la Guardia Civil (Greim), Cecoes y Bomberos de Tenerife. Yo mismo he sido testigo de ello en numerosas ocasiones, con locales y foráneos. En resumen, ha evitado muchos accidentes por cansancio y por ende, muchas muertes y, por ello, se trata de una infraestructura esencial para la seguridad en nuestra montaña de referencia y su cierre indefinido, sin explicaciones, no es de recibo.
En enero de este año, la Federación Tinerfeña de Montañismo expresó de forma oficial –en representación de más de 7.000 practicantes de actividades de montaña en Tenerife– su preocupación por el incierto futuro de este equipamiento y aún no ha recibido respuesta. Además cuenta con el apoyo explícito de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (Fedme), que comparte asimismo la representatividad sobre 268.000 federados en toda España. Es decir, se trata de sociedad civil, de entidades privadas que tratan de dialogar con la Administración, en un tema importante y no encuentran ni respuesta ni interlocutor.
Para terminar, no se acaba de entender que el propio Cabildo de Tenerife fomente –por un lado– el desarrollo rural ligado a los deportes de montaña y el uso público respetuoso en nuestros espacios naturales, más allá del sol y la playa, y –por otra parte– la misma institución abandone una infraestructura señera y básica para el conocimiento de la naturaleza más relevante que alberga esta isla. Esperamos y deseamos que esta situación cambie y se reconduzca lo antes posible, por el interés común y por la mayor seguridad en la cima de España.
Fuente: eldia.es
Fuente: Enlace a noticia Web FIMT